Casarme con un CEO en coma

Jasper salió disparado de la habitación.

Ariana se quedó sacada de onda. ¿Y a este qué mosca le picó? ¿A poco se había despertado Theodore?

Se dio la vuelta de inmediato, pero no vio nada raro. Su esposo seguía acostado en la cama, con la respiración tan tranquila y pareja como siempre.

La única diferencia era que una de sus manos se había salido de la cobija.

La joven ladeó la cabeza y se quedó viendo la mano un rato. Se veía lacia, sin fuerza, así que supuso que seguro se le había caído cuando ella se golpeó con el borde de la cama al tratar de esquivar a Jasper.

¿Theodore?, lo llamó con algo de duda.

No hubo respuesta.

Se inclinó un poco más y gritó con más fuerza: "¡Oye, Theodore!".

Tampoco contestó.

Ariana tragó saliva y caminó despacio hasta la orilla de la cama. Con mucho cuidado le tomó la mano y se la volvió a meter bajo la cobija, y como el otro ni se inmutó en todo el proceso, ella se tranquilizó un montón. Al parecer, seguía en un coma profundo.

Quizás Jasper, con lo borracho que andaba, nomás había alucinado.

La chica se sobó el pecho, soltando un suspiro de alivio.

El cuarto volvió a quedar en silencio, pero a ella el corazón todavía le latía a mil por hora. Por alguna extraña razón, le daba pavor que Theodore abriera los ojos de repente. Se sentó en la orilla de la cama y se le quedó viendo fijamente hasta que, un rato después, el cansancio la venció y se quedó dormida.

Al día siguiente, Ariana se despertó y se dio cuenta de que estaba acostada en el borde de la cama. Giró la cabeza rápido para ver a Theodore y, para su alivio, parecía no haberse movido ni un centímetro en toda la noche. Sintió como si se quitara un peso de encima.

Por fin descartaba la posibilidad de que Jasper de verdad hubiera visto a Theodore moverse anoche. Al parecer, el borracho solo estaba viendo visiones.

Ariana se fue al baño a lavarse y, mientras se cepillaba los dientes, sus ojos se toparon con una marca roja en su cuello que antes no estaba ahí. Parecía como si alguien la hubiera pellizcado con fuerza recientemente.

Al recordar el forcejeo con Jasper de la noche anterior, razonó que la marca era obra suya.

Un asco profundo le revolvió el estómago al pensar en ese traidor.

Ariana dejó el cepillo de dientes y regresó a la recámara. Se puso una blusa de cuello alto para taparse la marca.

Ya que estuvo lista, bajó las escaleras.

Apenas había llegado al último escalón cuando Jasper apareció de la nada y la jaló hacia un cuartito que estaba cerca.

¿Se despertó Theodore anoche?, le preguntó en voz baja al oído, con miedo de que alguien los escuchara.

A Ariana le dio un asco terrible nomás de verlo, así que dio dos pasos para atrás y le contestó sin expresión alguna: "No, no se despertó".

Qué bueno. Anoche tomé de más y creo que mis ojos me engañaron. Por un segundo juré que Theodore había abierto los ojos y me estaba mirando como si quisiera matarme. Menos mal que solo fue una ilusión.

Jasper respiró hondo, aliviado, y le dedicó esa sonrisa de siempre, la que antes a ella le encantaba, pero que ahora odiaba con toda su alma.

Ariana bajó la mirada para que él no viera el rencor en sus ojos.

El hombre, sin cachar la verdadera razón, pensó que estaba molesta por lo de anoche y se disculpó: "Perdón por lo de anoche, Aria. El vino se me subió; no quise ponerme rudo contigo".

La otra forzó una sonrisa. "No te preocupes; está bien".

Luego inventó cualquier pretexto para poder salirse de ahí lo más rápido posible.

Cuando llegó al comedor, vio que Darian ya estaba sentado en la mesa. Era un hombre muy serio que casi nunca sonreía, y cuando Ariana lo saludó, él apenas asintió con la cabeza, con su típica aura fría y distante.

En cambio, Sharon, la madrastra de Theodore, se portó superentusiasta. Como era la mamá de Jasper, seguro sabía de su plan, y esa era la única explicación lógica para que se portara tan exageradamente cálida y amigable.

Ariana se sintió incómoda durante todo el desayuno.

En cuanto terminaron de comer, Darian la llevó al hospital privado de la familia Anderson.

Jasper fue con ellos. Cuando estaban metiendo a Ariana al quirófano, él le lanzó una mirada cómplice.

La joven captó la indirecta.

Le sonrió para asegurarle que no había olvidado el plan, pero en cuanto se dio la vuelta, su sonrisa se borró y entró al quirófano con una cara de pocos amigos.

El miedo empezó a invadirla poco a poco en ese momento; sin embargo, cuando recordó a Jasper con su hermanastra y cómo la había traicionado, apretó los dientes y los puños. ¡Estaba decidida a cobrar venganza y a recuperar lo que por derecho le pertenecía!

La inseminación duró como una hora. Sacaron a Ariana en una silla de ruedas, pálida como el papel. El doctor se quitó el cubrebocas y le dijo a Darian: "Todo salió bien, señor Anderson. Ahora tenemos que esperar más o menos un mes para confirmar si tuvo éxito".

A Jasper se le ensombreció el rostro en cuanto escuchó eso.

En cambio, la cara normalmente fría de Darian se iluminó con una sonrisa; hasta un ciego se habría dado cuenta de lo contento que estaba con la noticia. Miró a Ariana con una expresión de satisfacción y luego le ordenó a uno de sus choferes que la llevara a ella y a Jasper de regreso a casa.

En el camino, este último tenía la cara roja de coraje, con varias venas marcadas en la frente y en las sienes, pero no dijo ni una sola palabra.

La chica ni se molestó en hablarle; se quedó viendo por la ventana, perdida en sus pensamientos.

En cuanto se bajaron del coche, Jasper explotó. La agarró del brazo y la jaló hacia el jardín para reclamarle.

¡Qué carajos, Ariana! Creí que habíamos quedado en que ibas a arruinar la operación. ¿Por qué no lo hiciste?, gruñó.

Para ella, no le debía ni una explicación a ese traidor; le daba asco. Se soltó de su mano de un tirón y espetó fríamente: "Cuida cómo me hablas, Jasper. ¡Ahora soy tu cuñada!".

Él se agarró la cabeza y dejó escapar una risa de puro coraje, dándole una patada al árbol que tenía cerca. "¿Qué acabas de decir? ¿Me estás jodiendo?".

A Ariana el corazón le dio un vuelco al verle los ojos inyectados en sangre. Se dio la vuelta para irse, pero Jasper la jaló de regreso.

¿Quién te dijo que te fueras? ¡Ni se te ocurra dejarme con la palabra en la boca! ¡No he terminado de hablar contigo!. Chispas de furia ardían en los ojos del hombre.

Ariana estaba entre asustada y harta. Trató de liberarse mientras lo fulminaba con la mirada. "¡Suéltame!".

¡Perra!. Jasper la agarró con las dos manos y se le acercó. "Esto no fue lo que acordamos. ¿Me quieres ver la cara de estúpido ahora que estás casada con Theodore? Para que lo sepas, no te vas a deshacer de mí. Y ni siquiera es seguro que quedes embarazada. Y aunque así fuera, ¡Theodore no va a poder protegerte ni a ti ni a ese pequeño bastardo!".

¡Ja! ¿Y tú cómo estás tan seguro de eso? Theodore sigue vivo, ¿o no?, se burló Ariana. "Pase lo que pase, sigo siendo tu cuñada. ¡Más te vale que te vayas haciendo a la idea!".

Ese comentario sacó de quicio a Jasper, que levantó la mano para darle una bofetada.

Pero antes de que pudiera hacerlo, una de las empleadas salió corriendo de la casa y gritó: "¡Señora! El señor Theodore Anderson acaba de despertar. ¡Quiere verla!".

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