“Maia Sanders”
Maia Sanders de veinticuatro años con nacionalidad Mexicana y muy amante del taco.
Llevo toda mi vida viviendo en Acapulco en las costas de México, era mi lugar favorito y era conocida por todas las fotografías para las que fui contratada hasta mi trabajo con Grey. Comencé cuando solo tenía trabajar cuando tenía diecisiete años, conocí a Grey en el instituto, buscaba jóvenes adolescentes para una de sus campañas, desde ese momento nos convertimos en grandes amigos. Tomé varios años en clases de edición fotográfica, y gracias a eso estoy a punto de tener el mejor trabajo, en la nueva sucursal en Madrid de Grey, y pronto me mudaré para trabajar con él.
Los Sanders somos conocidos como los hijos consentidos de Alexander, aunque no era cierta, cada quien dependía de lo que obtenía por si solo, pero los periodistas no piensas lo mismo. Somos una familia muy unida, y aunque nuestra hermana pequeña Ali no sea de la familia papa la crio como su hija durante su nacimiento y le otorgo nuestro apellido. Me encontraba haciendo maletas para nuestro viaje a Madrid que sería dentro de pocas horas, estaba un poco nostálgica pero mi futuro depende de este nuevo trabajo.
— ¡Hey Pequeña! – la voz de mi padre llamo mi atención - ¿Estas preparando las maletas? Ali y Daniel ya hicieron las suyas — asentí dedicándole una sonrisa.
— Si papa, lo sé y estoy en eso – conteste soñándole la ropa tendida sobre la cama, los pasos de mi padre resonaron contra el suelo de mi habitación hasta que se detuvo a mi lado posando su mano en mis hombros
— Maia no quiero que estés triste — negué haciendo un mohín mientras papa me observaba fijamente.
— Lo se papá, solo que la idea de dejarte solo todavía me atormenta porque siempre hemos estado juntos — me envolvió en un abrazo.
— Pequeña, no te pongas así, además te visitaremos constantemente — suspiró — estás creciendo de lo que tú amas, ya eres una mujer Maia. Y no estarás sola, tus hermanos estarán contigo.
» Solo te pido que cuides a Ali ya que es la más joven de todos y apenas está creciendo aunque solo le quede el último curso en el instituto, la inscribí en uno de los mejores institutos de Madrid — sonreí ante el cariño que papa le tiene a Ali – Debes cuidarla y espero que por amor a Dios que ninguna se enamore porque no podre estar allá para impedir eso – solté una carcajada audible sentándome sobre mi cama viendo su cara abrumada — Creo que eso se lo dejare a Daniel— rodeé los ojos.
— Tranquilo papa, no es para tanto, estamos con Daniel nada nos pasará, o eso espero — su rostro se notaba preocupado mientras suspiraba pesadamente.
— Eso es lo que temo, tú hermano nunca tendrá un buen juicio Maia — dijo y Daniel acaba cruzar el umbral de la puerta.
— Heriste mis sentimientos papá, no puedo creer que desconfíes de tu hijo — negó enojado colocando una mano en su pecho para luego darse media vuelta y regresar por el pasillo.
— ¡Hasta cuando dejarán de ser dramáticos mis hijos Dios mío! — levantó los brazos hacía arriba mirando el cielo raso de mi habitación, reí divertida viendo mis maletas y entre sonrisas comencé a empacar mis prendas favoritas.
•••
A horas de la mañana nos encontrábamos en el aeropuerto a punto de embarcar hacia el avión, en fondo no podía evitar pensar que tal vez no volvería a regresar a Acapulco por un largo tiempo, es mi futuro y este momento iba a llegar tarde o temprano. La despedida no fue algo agradable, fue triste pero era necesaria, papa no paraba de sonreír mientras Daniel, Ali y yo caminábamos a la zona de embarque. Sabía que ellos irían a vernos pronto pero es la primera vez que me separo de mi familia de esta forma sabiendo que me iba a una ciudad totalmente desconocida, pero al menos tendría a Google Maps.
Dentro del avión de la empresa de mi padre los tres nos acomodamos mientras las azafatas nos daban algunas bebidas antes del despegue. A los pocos minutos el avión ascendió en el aire y las perfectas costas de Acapulco se veían reflejadas por el sol de la mañana, sin duda alguno iba a extrañar mi hogar. Con los minutos y sin dejar de mirar por la ventanilla me quede dormida. La mayoría del viaje me encontraba durmiendo, siempre he tenido un sueño pesado pero me desperté a causa de mi hermano Daniel, odio cuando hace eso porque mi humor se vuelve jodido.
Luego de unas largas horas llegamos al aeropuerto de Madrid, y un clima frío nos recibió una vez que bajamos del avión, con nuestras maletas en mano mis hermanos y yo nos dirigimos por las instalaciones del aeropuerto hacia la salida de este. Una camioneta negra nos recibió en la salida seguido de un hombre alto y musculoso que sostenía un cartel que dejaba muy claro ¨Familia Sanders¨ en silencio los tres subimos a la camioneta.
— Papá me envió la dirección nuestro apartamento — comento Daniel haciendo que lo mirara confusa, pero luego tomo su móvil y marco el número de papa quien al instante respondió.
— ¿Qué tal el viaje chicos? — comento con voz alegre que me hizo sonreír, al menos no estaba triste por nuestra partida.
— Estuvo bien papa — respondí por Daniel escuchando atentamente lo que papá estaba diciendo.
— Compre dos departamentos, y un poco alejados para que cada quien tenga su espacio — pausó — No están tan alejados y ambos departamentos se encuentran amueblados y con la despensa repleta. Espero que les guste chicos, debo irme — Papa colgó la llamada y los tres nos miramos.
Daniel estaba emocionado porque por fin tendría su propio espacio, lo que siempre ha querido papa se lo ha dado ya que es un hombre y Alexander Sanders prefiere mucho a sus hijos, por eso iba en dirección hacia nuestro departamento como todo un caballero que es. A los minutos la camioneta estaciono en un alto edificio en color blanco, Daniel nos ayudó a bajar nuestras maletas junto con el chofer, enseguida un botones del edificio se encargó de ellas. Nos despedimos de Daniel, y miramos la entrada.
— ¿Estas nerviosa Ali? – Mi hermana me sonrió emocionada.
— Solo un poco, no puedo creer que estemos en España Maia – caminamos juntas por el recibidor mientras una chica nos entregaba las llaves.
— Debes de creértelo, porque aquí viviremos de ahora en adelante Ali – sus mejillas rojas me dejaron muy claro que mi hermana se moría de ganas por ver todo el departamento. Por eso sin dudarlo subimos por el ascensor hasta nuestro piso, y enseguida abrimos nuestra puerta.
Las instalaciones del departamento eran impresionantes, tonos pasteles en la mueblería, adornos sencillos pero llamativos, contenía de un recibidor muy cómodo y hogareño, ambas entramos y nuestras maletas se encontraba en el suelo, Ali cerró la puerta y con una sonrisa de oreja a oreja comencé a observar cada rincón del departamento. La cocina cuyo mesón es extenso y moderno contenía de una preciosa cocina en podía pasar todo el día. Seguí el recorrido por un hermoso balcón con las vistas de todo Madrid, el clima frío chocar con mi piel. Regrese al recibidor notando que Ali no se encontraba por lo que supuse que estaría en su habitación admirando cada rincón. El pasillo tenía cuatro puertas, una habitación para visitas, un baño y la habitación principales.
Mi habitación era espaciosa, la cual contenía un armario y su propio baño, un espejo con luces alrededor, una cama amplia con sabanas gruesas y almohadas suaves. Un tocador blanco con su propio espejo. Y una alfombra de piel bastante suave. Sonreí admirando la ventada que también tiene vistas de la ciudad.
Regrese al pasillo caminando en dirección a la habitación de Ali que era un poco más pequeña pero era como toda adolescente desea tenerla, es muy hermosa.
— Papá se la gano con todo esto, no jodas — reí viéndola admirar cada rincón de su habitación.
Este es un nuevo comienzo…
•••
Desempacar... En definición es desordenar toda la ropa, sin saber dónde ponerla o como ordenarla. y también una de la peores cosas que odio hacer, y no iba arreglar todavía. La mañana había transcurrido rápida, y el desayuno lo había preparado yo mientras una canción latina sonaba en los altavoces, es sábado y el clima no estaba tan frío, el sol se alzaba por el cielo dejando su reflejo en el suelo del balcón.
— Oye Ali, vamos a caminar un rato — comente viéndola hundida en su móvil en el sillón del recibidor.
— A tus ordenes jefa — respondió sonriente caminando en dirección a su habitación.
Mire mi vestimenta, unos vaqueros gastados con una camisa ajustada y zapatillas deportivas y cómodas. No me veía mal y con un abrigo quedaría mejor. Mi cabello estaba suelto con ondas naturales y ni llevaba ni una pizca de maquillaje porque no me gusta. Ali bajo con unos vaqueros negros de tiro alto, un suéter blanco sencillo y un abrigo negro con sus Nike blancas. Le encantaba combinar este tipo de colores, yo por otro lado siempre escojo lo primero que encuentro.
Al salir juntas del departamento y del edificio nos adentramos a las calles de Madrid, los cuales tenían varias estructuras antiguas, es muy bueno de admirar la verdad. Llegamos a una plaza en la que descansamos por unos minutos, hasta que Ali decidió ir por unas bebidas a una cafetería enfrente de la plaza lo cual agradecí, no estábamos lejos del departamento ya que solo hemos caminado unas cuantas cuadras. Saque mi móvil acercándome a una fuente para tomar unas fotografías que sin duda colgaría en las paredes del departamento.
Mientras capturaba una foto sentí un leve empujón que me hizo soltar el móvil, el cual cayo dentro de la fuente de la plaza.
Ahogue una exclamación viendo mi móvil caer hacia el fondo de la fuente. Me gire asombrada viendo como la pantalla se apagaba por completo hasta quedar completamente negra. Me gire viendo a un hombre joven, tal vez un poco mayor que yo, de barba perfecta y ojos miel.
— Discúlpeme señorita, venía distraído — el hombre me observaba esperando mi reacción cosa que la tendría en segundos.
— Discilpimi Siñirita, vinii distriidi — replique con ironía fingiendo una sonrisa.
— ¿Disculpe? — se ofendió mirando con enojo.
— ¡Disculpa! — Exclame enojada — ¡Pinche cabrón, acabas de dar dañar mi móvil! — el hombre se cruzó de brazos ofendido de mis palabras — ¡Y una disculpa no sirve de nada! —
— Señorita, pero al menos me he disculpado con usted — suspiró molesto — joder, vos sois una pesada tía — lo fulmine con la mirada.
— Eres un cabrón — espete enojada tomando mi móvil del agua.
— Sois una niñata malagradecida tía — rodee los ojos caminando en dirección hacia la calle, alejando de este español de mierda.





