CAMERON ROWLING

A las doce en punto llegó su servicio de comida y el mesero pasó a la zona privada de su oficina, donde había un área de comedor que tenía una mesa para cuatro personas y una sala de estar con un cómodo sofá de cuero y dos butacas del mismo material, a un costado una barra con tres taburetes altos, había un sifón de cerveza con dos picos, enfriador de vinos y varias botellas de diversos licores, pasando esa área había una puerta que daba acceso a una alcoba con una cama muy amplia y al final un gran baño con tina de hidromasaje, ducha, sauna y dos lavabos. Cameron entró y ya su almuerzo estaba dispuesto en la mesa, agradeció con un gesto y se sentó a comer. Tenía un chef privado que se encargaba de la comida diaria que consumía en la oficina y que conocía perfectamente sus gustos y manías, porque tenía unas cuantas, sobre el color de los vegetales, el punto de cocción de la carne, la temperatura y la presentación de la comida.

La visita no le afectó el apetito no obstante su cabeza no dejaba de rondar en ella, esa mujer era impertinente, ambiciosa y sin escrúpulos, ya que al verse fuera del testamento un día se apareció en su oficina con la intención de seducirlo, vestía un abrigo y debajo del mismo estaba totalmente desnuda, confiaba en que la visión de su cuerpo haría flaquear a Cameron y conseguiría parte de la herencia, pero no logró ninguna reacción favorable de su parte, por el contrario, él llamó a sus guardias de seguridad y pidió que la escoltaran hasta la calle. La volvió a ver en el primer aniversario de la muerte de su abuelo y así sucesivamente por dos años más hasta hoy, definitivamente esa mujer no tenía límites ni vergüenza.

No sabía en qué estaba pensando su abuelo al casarse a los ochenta años con una mujer cuarenta y cinco años más joven y que obviamente no lo amaba porque había sido la cuidadora de su abuela por escasos cuatro meses antes de su lamentable fallecimiento y solamente transcurrieron tres meses más cuando invitó a la familia a la celebración de su matrimonio, pero siempre había sido un hombre muy particular, rechazó a sus dos hijos, sin embargo adoraba a su nieto a quien todo el tiempo rodeó de lujos, pagando su educación en una excelente universidad y adicionalmente mantuvo en todo momento una cuenta a su nombre donde le asignaba una generosa cantidad de dinero mensualmente.

Terminó su hora de almuerzo y culminaron sus pensamientos sobre su abuelo, luego de asearse regresó a su oficina y se sumergió en el trabajo, asumió el compromiso de crear una aplicación nueva y personalizada para un jeque árabe propietario de varios casinos que necesitaba tecnología de punta en seguridad, debido a lo que le estaba cobrando por ese trabajo este debía ser perfecto y él personalmente lo estaba supervisando en cada detalle. Tenía un equipo de trabajo excelente y los mantenía entrenados con los últimos avances, no escatimaba en recursos para enviarlos a cualquier parte del mundo donde pudieran ampliar sus conocimientos y habilidades, eran muy jóvenes, les pagaba tres veces más que en cualquier otro lugar y sus contratos de confidencialidad eran blindados; toda esa dinámica con su personal le garantizaba resultados exitosos en cada proyecto.

Se fue al área de diseño para trabajar desde allí, a su paso iba recolectando miradas femeninas, todas las solteras y algunas casadas, suspiraban quedamente al paso de esos ciento ochenta y siete centímetros de músculos, atractivo pecaminoso y hermosura masculina, su cuerpo atlético estaba muy bien trabajado por el ejercicio diario, su abundante cabello color castaño de un largo medio le cubría la nuca y por eso también muchas veces tenía mechones sobre su blanca frente, sus cejas gruesas y definidas acompañaban a un par de esferas verdes que cambiaban de claro a oscuro dependiendo de su estado de ánimo, su nariz estaba muy bien esculpida, sus labios siempre en línea recta porque no sonreía con facilidad, su barba tipo completa media, parecía de una semana y así le gustaba mantenerla, elegante, sobrio y atractivo, al caminar dejaba una estela perfumada tras de sí.

Eran las siete de la noche cuando volvió a su oficina y al llegar a su piso la secretaria le entregó un sobre, en ese momento se encontró con Brad quien venía con un sobre muy similar al suyo en sus manos.

–¿Ya lo abriste? –preguntó Cameron mostrándole su sobre a Brad.

–Sí, es una invitación muy especial, la preparatoria quiere homenajearte.

–¿A mí?, ¿por qué?

–Por ser el más, por no decir el único –agregó–, exitoso de todos los integrantes de nuestra promoción.

–¡Por favor!, no me gustan esos eventos.

–Averiguaré si puedo excusarte.

–Si puedes no, ¡hazlo!, no quiero ir.

***

Charlotte Wood, desde antes de terminar su carrera de diseño tenía trazado un plan que llevó a cabo tal como lo había ideado, a sus veintiocho años tenía una firma reconocida y exitosa bajo la cual diseñaba calzados para damas, caballeros y niños, además de bolsos, carteras, billeteras, portafolios y cinturones. Particularmente hermosa con una estatura de 1,75 metros que la convertían en una esbelta y elegante mujer con una larga cabellera, ojos marrones, nariz pequeña sobre labios llenos que siempre estaban desplegados en una sonrisa. Ese día caminaba lentamente deteniéndose en cada uno de los puestos de la sala de diseñadores, hacía pequeños ajustes para darles un toque a los dibujos y así ponerles su sello. Faltaban dos meses para la presentación de su nueva línea, pero la presión y el estrés que la agobiaban hacían suponer que faltaban dos semanas o peor, dos horas.

El taller estaba en plena producción, el último desfile había sido un éxito y fue su primera oportunidad de exportar sus productos, después de colocarlos en las más grandes y lujosas tiendas de las principales ciudades del país.

Se dirigía a su oficina cuando fue interceptada por su asistente Allison, quien señalándole los dos sobres que sostenía en su mano le dijo:

–La preparatoria prepara un reencuentro, dice que en homenaje a Cameron Rowling. ¿No era uno de tus amigos?

–¡Sí, Cami!, pero ¿por qué van a homenajearlo?

–Amiga, ¿en serio?, tienes que salir de aquí o al menos ver las redes, es uno de los hombres más de todo en este país.

–¿Cómo es eso de más de todo?

–Es guapísimo, rico, guapísimo, importante, guapísimo, poderoso, guapísimo, todo un magnate, de esos que chasquean los dedos y tienen lo que deseen.

–¡Qué barbaridad Allison!, ¿te oíste decir guapísimo varias veces? –exclamó Charlotte–, pero no sabía que ahora era así, en realidad no sé de él desde poco después de nuestra graduación.

–Ahora sabes. ¿Iremos?, es en dos semanas.

–¿Con la cantidad de trabajo pendiente?, ni hablar, si quieres ve tú.

–No quiero ir sola, me da miedo que mi ex esté allí.

–Razón de más para no ir.

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