MANDY
El sudor frío corre por todo mi cuerpo. La sangre bombea fuerte en mi corazón y la necesidad de bajar el fuego que me está consumiendo, me lleva a la pista de baile. Necesito de algún modo tratar de calmar la taquicardia que me volverá loca. Cada uno de mis sentidos explotan al sentir el profundo mar de maravillosas sensaciones que me están dominando. Las luces brillan en mi rostro y mi cuerpo se mueve solo, hechizado por la música.
Me he jurado no volver a caer, pero aquí estoy nuevamente encerrada en mi propia perdición. Mi cabeza no quiere pensar en nada más que no sea en liberar la presión que me genera la coca en mi sistema.
- No deberías estar tan sola, preciosa - Mario me aprieta contra su cuerpo y sonrío frotándome contra él.
Me gusta demasiado, y sin embargo, solo soy una amiga ante sus ojos. El hecho de que me este aprisionando con fuerza, hace que el calor crezca en mi interior, cosa que no ayuda para nada a la liberación que deseo está noche. Su caliente y grande mano se asegura con fuerza en mi estómago y jadeo al sentir nuestros cuerpos rozándosen sutilmente.
- Ya estás aquí para hacerme compañía - giré en sus brazos y nuestros rostros quedaron a escasos centímetros. Su respiración igual de acelerada a la mía, solo causa que mi vientre cosquillee deliciosamente.
- Por supuesto, sabes que nunca te dejaría sola - la comisura de sus labios se elevaron un poco y sus ojos grises me escudriñaron profundamente -. Estás demasiado loca y eres un fatal peligro así.
Sonreí ante su ocurrencia, enlacé mis brazos en su cuello y tiré de él hasta que quedamos rozando nuestras narices. Es mi oportunidad perfecta; estamos en la misma posición, dónde la droga es dueña de cada uno de nuestros sentidos.
- ¿Peligro para quien? - murmuré, mis palabras salían arrastradas de mi boca. Nuestros labios se rozaron fugazmente, y otra vez el calor se intensificó en mi cuerpo.
- Para mí, no quiero quedarme sin cabeza por ti - me giró nuevamente y resoplé.
Maldito Dre, se cree mi dueño sin haber pisado terreno. Cerré los ojos y me desconecté de todo a mi alrededor. Mi cuerpo se relajó por largos minutos, en los que en ningún momento me detuve. Mis sistema aclama por más y más. Deseo que la candela me consuma y me lleve a mi límite. Seguí meciendo mi caderas al compás con Mario, hasta que mis piernas se cansaron y mi sangre pidió por otro poco, el efecto ya está yéndose en su totalidad.
- ¡¿A dónde vas, Mandy?! - gritó Mario a lo que me alejo de él. Él no me dará lo que tanto he buscado de su parte, ya va siendo hora que deje esa ilusión a un lado y siga como si nada.
Camino en medio de todos aquellos cuerpos iguales de perdidos que el mío, las luces y la música retumban con fuerza. La alegría y la relajación se ve reflejada en cada rostro desconocido que va captando mis ojos. Subo las escaleras y tras pasar la barrera de personas, llego a la segunda planta del club.
- ¡Mandy Reynolds! - grita la chillona voz de mi cuñada en cuanto me ve -. Te hacía con los chicos.
Negué, también pensé que está noche me tocaba hacerme cargo a mí, pero Dre se encargó de ponerme un trabajo aparte para dentro de dos días.
- También yo, ¿qué hay de nuevo por aquí? - se encoje de hombros y desliza una mano por detrás de su cuerpo.
- Nada interesante, lo mismo de cada noche - asiento, y sonríe ladeado -. ¿Dónde está la bestia de hermano que tienes?.
Coloca un vaso en la tabla y sirve un trago, al instante; lo desliza a mi dirección. Agarro la bolsa pegada de la parte de abajo y bebo el trago que ha servido. Mala combinación, pero la manera en que estalla es única.
- Trabajando para el estúpido ese - menciono recordando el beso que me dió en la bodega. Después de todo no fue tan desagradable como lo había creído -. Ya sabes que es su sombra.
- Aveces pienso que le dedica más tiempo a él que a mí, pero bueno; que se le puede hacer ante el jefe - hace una nueva y despacha otro trago -. Disfruta, tienes a Mario para ti. Escuché que su novia lo ha dejado.
Asiento con la cabeza y me giro con ese pensamiento. Ya no hay nada que me detenga, aparte del estúpido de Dre. Desinteresadamente busco un lugar en donde pueda aplicar una pizca de magia a mi cuerpo. Hallo el lugar perfecto, entre un estrecho pasillo que da llegada a una zona perfecta para que cualquier persona estalle en segundos.
- ¿Qué estoy haciendo con mi puta vida? - me susurro a mí misma, caminando a paso lento por el pasillo -. ¿Y así quieres salir de esto, Mandy?.
Detengo mis pasos y alguien choca con mi espalda. En un principio llegué a pensar que era Mario, pero para este punto ha de estar volando bien alto.
- Lo siento mucho, Srta. No tenía planeado que se fuera a detener tan de repente - su voz es calmada pero algo ansiosa. Una voz varonil que respira agitada -. Discúlpeme.
Seguramente el hombre se ha equivocado de lugar, porque si fuese uno de los mencionados ya me habría empujado hasta quedar adentro del infierno. Entonces giro lentamente hasta quedar frente a frente de un hombre bastante peculiar; sus rizos dorados caen a un costado de su frente, mientras sus ojos azules se estrechan un poco y sus labios se cierran, casi como conteniendo el aire. Es un hombre atractivo. A pesar de ser delgado, su altura lo compensa muy bien.
- No tiene porqué disculparse, me he equivocado; estos nos son los baños - miento, guardando la bolsa en la pretina de mi pantalón e incomodando un poco mi piel.
- ¿No son los baños? - niego con una sonrisa. Frunce el ceño y suelta una risa contagiosa -. Al parecer nos hemos equivocado.
- Eso parece - enarco una ceja y se nota lo nervioso que está -. Deben estar abajo, supongo. ¿Vamos? Digo, los dos estamos un poco perdidos, así que no está mal hacernos compañía mutua hasta dar con ellos.
- Sí, tiene razón - gira y veo su espalda alejarse unos cuantos centímetros de mí.
Le sigo hasta que bajamos y lo tomo de un brazo para adentrarlo a los baños de los hombres. Se ha quedado sorprendido por mi acción, pero, joder; el hombre o es despistado o nunca ha venido a un lugar de estos.
- Es aquí - digo y asiente. Lo suelto con una sonrisa en los labios -. ¿Te gustaría bailar un poco? Bueno, después de que hagas tus necesidades.
Traga saliva y muerdo mi lengua para no reír. ¿Aún existen hombres ridículos e inocentes?.
- Claro, sí, porque no - se fatiga y ladeo la cabeza -. Vengo con unos compañeros, ¿te gustaría unirte?.
¿Por qué su voz le tiembla tanto? Me pregunto.
- Haz tus necesidades, esperaré fuera - asiente uniendo los labios formando una delgada línea con ellos.
Salgo del baño y doy la espalda quedando de cara contra la pared. Saco la bolsa y la llevo a mi nariz; inhalo profundamente y de nuevo la sangre empieza a correr caliente por mi cuerpo. Limpio todo rastro con la palma de mi mano y guardo la bolsa entre mis zapatos.
- Vamos, te voy a presentar a mis compañeros - dice saliendo del baño, con el rostro menos sonrojado.
- Mejor bailemos, ¿no te parece? - mi corazón bombea fuerte dentro de mi cuerpo. Mis ojos se entornan a él, y afirma con la cabeza dejándose guiar hasta el centro de la pista.
- No sé bailar - murmura.
Pongo sus manos en mis caderas, pego mi trasero a su miembro y empiezo a moverme lentamente de un lado hacia el otro. Sus rígidos movimientos me están desesperando, y en lugar de explotar con esta sensación placentera, solo me está generando gran ansiedad de acabar con un viaje que está yéndose por el lado que no me gusta.
- Déjate llevar - susurro y sus dedos se hunden con fuerza en mi piel, en ese espacio de mi pantalón y mi blusa descubierta, provocando que el fuego estalle en ese punto dónde está tocando -. Muévete conmigo... lentamente.





