Atada a mi CEO mentiroso

Cuando Ava recuperó el aliento, se acomodó en el pecho de Dante, estaba invadida de sensaciones por ese hombre, los recuerdos de su pasado vienen a su mente cómo hace un año su vida cambio después la muerte de su madre.

—Hola Ángela—contesto perezosa, estaba acostada en su cama a punto de conciliar el sueño cuando escucho su teléfono móvil.

—Hija, perdóname por ser tan débil, si algo me llegara a pasar cuida de tu hermana, tú eres fuerte y vas a encontrar la felicidad al lado de alguien que realmente te demuestre amor.

—¡Mamá! ¿Qué dices? ¿Dónde estás? ¿Dime ahora mismo que voy por ti? —sé levantó asustada, escucho su voz quebrada, como si estuviera llorando.

—Como siempre creyendo en el amor de tu padre, ¡soy masoquista! Le he aguantado engaños, malos tratos, regresa y me convence, como una ilusa vuelvo a caer, no me justifico, pero tu papá fue el único hombre en mi vida y al que amé hasta la muerte.

—¡Mamá! Porque dices eso ahora. ¿Viste a papá con su amante otra vez? —dijo con el teléfono en la oreja mientras se intentaba vestir.

—Si hija lo seguí a un apartamento y al tocar la puerta, allí estaban los dos semidesnudos, ya estoy cansada de creerle todas sus mentiras.

—¡Mamá! ¿Dónde estás? —volvió a preguntar altera.

—Estoy en mi carro conduciendo, tu papá viene en su carro detrás de mí, estoy cansada de escuchar tantas mentiras, ¡hija! Perdóname.

Fue lo último que escuchó Ava antes de sentir un estruendo, el teléfono se le cayó de la oreja y sus lágrimas salían como mareas de sus ojos.

—¡No! ¡No! No Ángela. ¿Qué locura hiciste? —susurró desesperada. No sabía qué hacer, agarró las llaves de su carro y empezó a conducir por vías transitables de los Ángeles.

En la autopista interestatal Ava vio un accidente, del tramo contrario al que ella conducía, de lejos vio el carro de su papá estacionado a un lado de la carretera, un escalofrío recorrió su cuerpo. A toda velocidad busco un cruce y retorno, cuando estaba cerca estaciono y miro el carro de su mamá destruido en la parte delantera, como pudo corrió, uno de los bomberos al verla la detuvo.

—Señorita, no puede pasar, esta es un área restringida.

—¡Es mi mamá! Déjeme verla por favor, ¡es mi mami!, quiero verla —gritó mientras un chorro de lágrimas rodaban por su rostro.

—La señora está en estado crítico, en estos momentos la están trasladando al hospital central —respondió el joven, sentía pena por la joven que sostenía en sus brazos.

Ava se zafó de aquellos músculos para seguir corriendo hacia su carro, cuando estaba dando los pasos escuchó.

—¡Ava! ¡Hija!.

—No me llames hija, tú mataste a mi madre, ahora si estás feliz verdad, ahora si no vas a tener el estorbo de mi mamá en tu camino. ¿Por qué papá? Después que desapareciste por tantos años, ¿Por qué tuviste que regresar a perturbar la tranquilidad de mi mamá?

—¡Hija! Yo no maté a tu madre, fue un accidente, ella chocó con una de las barandillas de la carretera, a mí no me vas a echar la culpa, y la relación que tuve con tu mamá era entre nosotros dos. Tú a mí me respetas, ¡soy tu padre quieras o no! —soltó Sergio indignado por la altanería de su hija.

—Vaya padre que me he gastado, uno que hace sufrir a una mujer por tantos años, desaparece y luego regresa a su vida arrepentida. ¿Para qué? Para volverla a engañar con la misma mujerzuela de siempre.

—Las cosas no son así Ava, ¿De qué mujer hablas?

—A mí no me engañas papá, mi Ángela antes del accidente me llamó y me contó que te encontró con tu mujerzuela y que tú la perseguías, ¡sabes! No voy a seguir perdiendo el tiempo contigo —le dio la espalda y se montó en su carro a toda velocidad al hospital. Al llegar preguntó.

—Donde está la señora Ángela Johnson, a la que ingresaron por un accidente automovilístico hace unos cuantos minutos.

—Señorita, mantenga la calma, su mamá llegó en muy mal estado y lamentablemente su corazón no resistió, falleció antes de ser llevada a quirófano.

Ava cayó de rodillas en aquel piso frío de la sala de emergencia, gritó con el corazón comprimido del dolor.

—Ángela no nos dejes por favor, tus hijas te amábamos, te necesitábamos. ¿Por qué mamá? Porque tuviste que salir de la casa a buscar un hombre que nunca te quiso —se colocó las manos en su pecho y una cascada de sentimientos rodaban por sus mejillas —se llevó las manos a su pecho—. Ahora sí nos dejaste sola.

El doctor, al ver la escena, se acercó y se inclinó para levantar a Ava, una enfermera llego a ellos.

—Leticia colócale un calmante a la joven y quedarte con ella hasta que se sienta mejor.

La enfermera le colocó una inyección, la condujo a una habitación y allí permaneció con ella hasta que se calmó.

Ava se quedó en silencio, en su corazón había mucha decepción, y rencor. Rencor con su madre que prefirió morir antes que ellas, eso era algo que no se lo iba a perdonar.

—¿Ahora cómo se lo digo a Olivia? —fueron las palabras qué logró pronunciar.

—Señorita tiene que ser fuerte, lamento su perdida —manifiesto la enfermera con compasión.

Ava la miró con tristeza y sé levando de la camilla, acomodó su ropa, limpió sus lágrimas y salió a preparar el funeral de su madre.

Dos días después fue el funeral. En el centenario había pocas personas acompañándolos, Ava no entendía. ¿Por qué su abuelo a pesar de la muerte de su hija no apareció para darle el último adiós?

Olivia estaba destrozada al igual que Ava, las dos estaban muy unidas a su madre. Ava se hacía la fuerte para no desmoronarse delante de ella.

Los llantos de Olivia eran desgarradores y Ava solo podía abrazarla para que no se cayera.

Su enojo era grande al ver aparecer a su papá junto a su nueva familia, los fulminaba con la mirada, dio gracias a dios que no se acercaron a ellas y mantuvieron la distancia.

En el funeral estaba el abogado de la familia, quien le informó que la llamaría para la lectura del testamento dictaminado por la familia Johnson.

Antes de retirarse con lágrimas en los ojos, ella se aproximó a la tumba de su madre para despedirse.

—Aquí estoy Ángela, espero que encuentres la paz que buscabas, todavía recuerdo las palabras que siempre me decías “no seas débil como tu madre y tienes que ser fuerte en la vida hija” —echo una ojeada a su padre que no apartaba la mirada de ella—. ¡Te prometo ser fuerte! Porque sé lo se aproxima no va a ser nada bueno. —Lanzo una rosa a la tierra y junto a su hermana se marcharon del lugar.

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