¡Apasionada Venganza!

-¿No lo sabes? Él lo ofreció como desafío, Isobel, y yo nunca rechazo un desafío. 

-Eres tan malo como él. 

-Soy más inteligente que él -respondió Lorenzo con voz baja y controlada-. Cualquier riesgo que afronto nace de un frío cálculo. Jeremy me vio como una una amenaza en el mismo instante en que puse un pie en el colegio, y cuando descubrió que no podía obligarme a obedecer sus órdenes, hizo lo único que podía hacer. Decidió ser amistoso conmigo, y francamente, a mí no me preocupó ni lo uno ni lo otro. ¿No sabes que por debajo de esa amistad ha habido siempre una corriente de envidia y resentimiento? 

-Lo sé -murmuró Isobel-. Pero a él le gustabas. 

-Me respetaba -dijo Lorenzo sin el menor rastro de vanidad-. Cuando me pidió que fuera su padrino, ambos sabíamos la razón. La razón eras tú -ella se dio la vuelta, sin querer oír nada más. Sus palabras la estaban destrozando-. Tú eras el premio -se burló él-. Siempre has sido el premio. En esta comunidad pequeña y cerrada, eras la luz que eclipsaba a todas las demás. Deslumbrabas a todo el mundo. Eras el mayor trofeo. 

-¿A dónde quieres ir a parar, Lorenzo? -preguntó ella, haciendo todo lo posible para que su voz no reflejara la tristeza que sentía. 

-Te estás lanzando de cabeza al desastre -respondió él-. Todavía estás a tiempo para rectificar. 

Isobel sabía que eso era lo más cerca que el había estado nunca de suplicar, y sintió la irresistible tentación de hacer lo que le pedía. Todo lo que había dicho sobre Jeremy era verdad. Jeremy había estado obsesionado con ella. La había escogido, y nunca se le había ocurrido realmente que su privilegiada posición, que le había servido para comprar todo, no serviría igualmente para comprarla a ella. 

Se le había declarado cuando ella tenía dieciséis años y estaba aún en el colegio, mientras que él, cuatro años mayor, estaba ya en la universidad. Ella se había reído. Ahora, ya no era una broma. 

-Voy a casarme con Jeremy en menos de media hora -dijo Isobel en un susurro, mirando su reloj-, y no hay nada más que hablar. 

Él apretó los labios y su expresión cambió sutilmente de la ira al desprecio. Ella no sabía cuál de las dos cosas odiaba más. 

-Nunca te he tenido por una cobarde o una loca, Isobel Chandler, pero estoy cambiando rápidamente de opinión. 

-La gente es más compleja de lo que crees -dijo ella en voz baja. 

-¿Qué estás intentando decirme? 

Lorenzo tenía los ojos brillantes; el sol, que entraba por detrás de él a través del gran ventanal que se abría sobre la bahía, le daba un aire amenazador y peligroso que la asustaba y la excitaba. Se dio cuenta de que él siempre la había asustado y excitado. 

Cuando entró en el colegio, ella se había quedado con la boca abierta. Ella y todas las chicas de la clase. Estaban en esa vacilante frontera que separa la infancia del mundo adulto, y empezaban a darse cuenta con emoción de que los chicos no eran tan carentes de interés como ellas habían pensado. 

Lorenzo Cicolla, con su piel bronceada y su pelo negro, cuatro años mayor pero mucho más maduro que los otros chicos de su edad, había cautivado su imaginación. El hecho de que él no la mirara, como a ninguna de sus compañeras, ni siquiera con un mínimo de curiosidad, sólo había hecho que su atractivo aumentara. 

De hecho, sólo cuando ella tenía dieciséis años, e irónicamente a través de Jeremy, había entablado una tímida amistad y él la había admitido, con diversión ante la reacción de ella, que siempre había notado. Él era muy joven, pero ya se adivinaban en él la fuerza y la personalidad que se acrecentarían con el paso de los años. 

-No estoy intentando decir nada. 

-¿No? ¿Por qué tengo la impresión de que estás hablando en clave? 

-No tengo ni idea -respondió ella encogiéndose de hombros, pero le temblaban las manos, y rápidamente se las llevó a la espalda y las apretó la una con la otra. 

-¿Qué decían esas cartas? 

-Pues muchas cosas -murmuró ella, incómoda-. ¿A qué viene esto ahora? 

-Sé más concreta. 

-No puedo. No me acuerdo. 

-Ya -respondió él, lanzándole una mirada fría y cruel-. No te acuerdas de lo que decían esas cartas pero decidiste casarte con él. 

-¡No! ?No lo comprendes! Estás poniendo en mi boca cosas que no he dicho -dijo ella, confusa. 

-¿Y me culpas por ello, maldita sea? 

Lorenzo la agarró, y había tal ferocidad en sus ojos que ella tuvo miedo de que hiciera algo terrible. Abrió la boca para protestar, pero los labios de él se unieron a los suyos en un beso lleno de rabia. Isobel se revolvió y lo empujó, y finalmente, él se apartó, observándola. 

-¿Qué ocurre, Isobel? -preguntó él-. ¿No puedes soportar darle una despedida afectuosa a tu amante? 

-¡Ya basta! -gritó ella. Estaba próxima a las lágrimas. Cuando le había hablado por primera vez de Jeremy, él se había puesto furioso, pero había mantenido el orgullo. 

Demasiado orgullo para hacer preguntas. Se había marchado hecho una furia del apartamento de ella y no había vuelto. El tiempo obviamente había avivado su furia. Era un extraño cumplido para ella, pero Isobel preferiría haberlo evitado. 

-¿Por qué? -repitió él. 

-¡Sabes muy bien por qué! Pertenezco a Jeremy ahora. Y no hay nada que hacer. 

Él se dio la vuelta bruscamente, pero no antes de que ella captara el odio que su comentario había despertado en él. Había formulado su acalorada réplica con demasiado tacto, pero justo en ese momento, con sus pasiones amenazando con desbordarse, se había visto obligada a decir algo que desviara la atención de él del poderoso efecto que aún ejercía sobre ella. 

Isobel se movió hacia él, pero en ese momento alguien llamó a la puerta. Era su padre. Éste entró en la habitación y les dirigió una mirada confusa, en respuesta a la cual Lorenzo dijo en voz normal, como si no hubiera ocurrido nada entre ellos. 

-Estoy deseándole buena suerte a la novia. No creo que pueda verla mucho cuando comience la ceremonia y nos conocemos desde hace tanto que... -se interrumpió para dirigir a Isobel una sonrisa, aunque sus ojos eran tan duros como diamantes-, bueno, que pensé que una última despedida en privado estaría bien -el padre de Isobel entró en la habitación, ajeno a la tensión existente, y asintió con gesto compresivo. 

-Claro, muchacho -dijo con calidez. Siempre le había gustado Lorenzo-. Qué tipo tan afortunado el que se lleva a esta preciosa hija mía -Lorenzo la miró con helada cortesía. 

-No sé si la suerte tiene mucho que ver con ello. El amor, quizá, ¿no crees, Isobel? 

-Sí, claro -respondió ella, tomando la mano de su padre. No pudo mirar a Lorenzo. Eso habría sido superior a sus fuerzas en ese momento. 

-Bueno, hija mía, la suerte o el amor no cambian el hecho de que ha llegado el momento. Espero que no estés muy nerviosa. Necesito tu apoyo, o podría desmayarme a causa de los nervios antes de llegar al altar -dijo el padre de Isobel, y luego se volvió hacia Lorenzo con una sonrisa-. Espera a tener mi edad y a que tu hija se case. Pronto descubrirás lo que son los nervios. Me he dirigido muchas veces a auditorios numerosos pero nunca me había sentido tan tenso -explicó, llevándose la mano al estómago-. Viola dice que me duele por empeñarme en meterme en este traje. ¡Mujeres! No saber nada -concluyó, con el mismo tono de tierno afecto que había empleado su mujer al hablar de él. 

-Intente decirles eso -respondió Lorenzo-. Mi madre siempre ha mantenido que es ella la que dirige todo... cosa que, por supuesto, es verdad. 

Ambos se echaron a reír ante eso e Isobel se obligó a esbozar algo parecido a una sonrisa. 

-Bueno, cariño, ¿vamos abajo a hacer tu gran entrada? -preguntó su padre, y luego miró a Lorenzo-. Jeremy ha estado buscándote. Le he dicho que no sabía si habías llegado o no. No sabía que estabas aquí arriba, presentando tus últimos respetos. 

Se dirigió hasta la puerta mientras hablaba, así que no vio las reacciones de Lorenzo e Isobel ante el nombre de Jeremy. Isobel le apretó la mano y los dos se apartaron para que Lorenzo pasara primero, cosa que éste hizo, y comenzó a bajar los escalones de dos en dos. Ella oyó sus pasos que se alejaban por el recibidor de mármol y tuvo la sensación de que había envejecido cincuenta años en la última media hora.

La ceremonia de la boda y la recepción iban a tener lugar bajo el enorme toldo blanco y amarillo que había sido conectado a la puerta de atrás. Ni siquiera tendría la impersonal e imponente vista del interior de una iglesia. No, debajo del toldo todos estarían muy cerca, demasiado cerca. Su madre había pensado que era una idea estupenda, y ella la había aceptado con apatía. Ahora deseaba no haberlo hecho.

Seguir leyendo
Lee la novela completa en Moboreader
UDesbloquear todos los capítulos
Abrir el sitio web oficial
Capítulos
Personalizar

También te puede gustar

Logo
Tu guía para los mejores dramas cortos en línea. Avances de episodios gratuitos, información completa del elenco y enlaces a plataformas oficiales, todo en un solo lugar.
©2026 PinesDramas. Todos los derechos reservados.