Antes ignorada, ahora inolvidable

Rylan, mirando inquietamente por la ventana, comenzó a buscar a alguien por la acera, hasta que finalmente sus ojos se posaron en una figura familiar. "Señor Evans, su esposa está aquí", informó.

Al escuchar eso, Derek levantó la cabeza. A través del cristal polarizado, vio a Allison descender con gracia de un taxi.

Iba con un llamativo vestido rojo que se ceñía a su cuerpo como una segunda piel, y que terminaba atrevidamente justo encima de las rodillas. Además, la parte posterior estaba recogida en delicados pliegues con forma de rosas, y se movía y ondeaba con cada paso que ella daba. La cintura esbelta y la cascada de cabello oscuro y largo que caía por su espalda le daban a la joven un aire de encanto natural, convirtiendo la calle en su propia pasarela.

"Parece que acaba de salir de un sueño", soltó el asombrado Rylan, incapaz de contenerse.

Derek clavó su dura mirada en él, advirtiéndole que se callara y lo pensara muy bien antes de volver a posar su mirada en Allison.

'¿A quién planea encantar apenas se separe de mí?', se preguntó, pero antes de que pudiera pensar en eso, su celular vibró en el asiento, sacándolo de sus pensamientos.

Derek contestó con un movimiento rápido y, tras escuchar unas pocas y cortantes palabras del otro lado, su rostro se endureció. Una tormenta de emociones se desataba en su mirada.

"Vamos a casa de mis abuelos", indicó.

"¿Y la señora Evans?", inquirió Rylan, con los ojos abiertos de par en par.

"Ella también debería venir".

Allison ya se había percatado del Lincoln estacionado a un lado de la banqueta, pero no veía movimiento en él. ¿Acaso Derek esperaba que ella lo invitara a salir?

Se acercó al auto y estaba a punto de golpear la ventanilla cuando la puerta trasera se abrió de golpe y, al momento siguiente, un brazo fuerte la jaló al interior.

Acto seguido, el auto arrancó, con el motor rugiendo con fuerza.

La rápida aceleración empujó a la chica hacia delante, lo que hizo que perdiera el equilibrio y cayera en el regazo del hombre. Su mano tocó algo firme que se movió bajo su tacto, dejándola momentáneamente desconcertada.

En el acto, ella se sonrojó y se apartó con brusquedad, lo que ocasionó que se golpeara la cabeza contra el techo del carro. Hizo una mueca y se sobó el área afectada, mientras su habitual porte elegante se desmoronaba.

"Creí que estábamos aquí para concretar nuestro divorcio", dijo Allison, con la voz tensa por la incomodidad. "¿A dónde me llevas?".

Rylan se animó, creyendo que su jefe había dudado en el último momento sobre su separación. Siempre había creído que Derek había desarrollado sentimientos por su esposa después de todos los años que pasaron juntos.

Sin embargo, el otro parecía imperturbable por el incidente anterior. Con una expresión sombría, respondió: "Lo sabrás cuando lleguemos".

Después, metió la mano en su chaqueta, sacó un caramelo de menta, lo desenvolvió lentamente y se lo metió a la boca, presionándolo contra su paladar, en un intento por calmar su inquietud.

Allison, al darse cuenta de que no obtendría más respuestas, se quedó callada, bajó la cabeza y comenzó a escribir en su celular.

Viajaron por más de una hora hasta que finalmente llegaron a su destino: la finca de la familia Evans. Esta se extendía por hectáreas, fusionando arquitectura tradicional con un diseño paisajístico elegante que incluía puentes, arroyos, glorietas y caminos intrincados.

Justo después de enviar un mensaje, Allison levantó la vista y quedó impactada por el paisaje familiar que se desplegaba ante ella.

"¿Por qué me traes aquí?", preguntó.

Ese día era su tercer aniversario de bodas y los Evans tenían la costumbre de reunirse para cenar, con la intención de celebrar la ocasión. A pesar de eso, la noche anterior, Derek le había ordenado tajantemente que no asistiera. Y como estaban a punto de concretar su divorcio, la desconcertaba el hecho de que él la hubiera llevado ahí.

Al llegar a una villa junto al lago, Derek salió del Lincoln de inmediato, agarró firmemente a Allison de la muñeca y pasaron al lado del preocupado mayordomo, pues su destino era la planta alta.

Jadeando por aire, el mayordomo los siguió, mientras les explicaba apresuradamente: "Señor Evans, su abuela no había despertado en toda la mañana, y justo al hacerlo, de repente colapsó. Desde entonces, entró en coma. Por suerte, su abuelo la encontró a tiempo. El doctor Jackson está atendiéndola ahora mismo".

Con la voz quebrada por la preocupación, continuó: "Esta es la segunda vez que colapsa de esta manera, sangrando por la boca y la nariz. Según el doctor Jackson, sus órganos están fallando. La situación es muy preocupante...".

La mayoría de la familia Evans estaba en el segundo piso, apostada afuera de la recámara.

Glenn y su esposa, Jane Evans, tenían tres hijos. El primogénito, Eric Evans, estaba profundamente involucrado en sus deberes militares y rara vez salía de su base.

Michael Evans, el padre de Derek y el hijo de en medio, había gestionado previamente las responsabilidades principales del Grupo Evans, pero ahora disfrutaba de su jubilación.

El menor, Roger Evans, era alcalde de Oregend, y estaba ausente debido a compromisos laborales.

"Hay quienes no muestran compasión. Valoran el dinero más que a la familia y no aparecen ni siquiera en momentos de vida o muerte", bufó Pamela Evans, la madrastra de Derek, apenas lo vio. Luego, al ver a Allison junto a su hijastro, chasqueó la lengua con desaprobación y añadió: "Vaya, miren nada más quién está aquí. Todavía no se han divorciado y ya actúa como una extraña".

Pamela estaba ataviada con un vestido de seda, y cruzaba los brazos desafiantemente. Aunque su maquillaje era impecable, no ocultaba el desdén en su rostro.

"Derek, tu abuela siempre te ha tenido un cariño especial. Si hubieras llegado un poco más tarde, te habrías perdido la oportunidad de despedirte de ella. Dime algo, ¿para qué sirve todo ese imperio que estás construyendo? Quizás sea hora de soltar un poco esa carga", suspiró Michael, volteando a ver a su hijo.

El recién llegado, cansando de las frecuentes disputas, se acercó a su abuelo y le preguntó: "¿Cómo está ella?".

Glenn, con los rasgos marcados por el cansancio y el cabello y la barba de un blanco más pronunciado por el dolor, parecía encogerse frente a la puerta cerrada de la recámara; además, le temblaban ligeramente las manos.

"El doctor Jackson no es optimista", empezó el anciano, antes de agarrar a su nieto por la muñeca, con una fuerza que desmentía su frágil apariencia. Luego, luchando por hablar, articuló: "Derek, estamos perdiendo a Jane".

Su firme agarre le transmitió al joven la gravedad de la situación. Derek endureció su expresión y dijo con voz áspera: "No. La abuela es una guerrera. No se rendirá fácilmente".

Allison saludó a las personas reunidas cerca de la puerta antes de colocarse justo detrás de Derek. Se quedó allí, con las manos fuertemente entrelazadas, mirando con preocupación la puerta de la habitación. Jane, al igual que Glenn, siempre le había mostrado una calidez sincera.

Y sabía que la situación debía ser grave, pues Derek solo la involucraba en asuntos familiares en situaciones extremas, e incluso la había llevado a pesar de que estaban a punto de divorciarse.

Poco después, la puerta se abrió lentamente y el doctor, Simon Jackson, salió e informó: "La situación fue crítica. Intentamos hacer todo lo posible por ella, pero... Lo siento. Es hora de empezar a preparar el funeral".

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