Recuerda a su madre, a la que dejó abandonada por salir en busca de su padre; de quien hasta ahora no tiene ninguna noticia, pese a que ha recorrido por tantos lugares. En realidad, piensa en todo, menos en la pelea que tendrá en unas pocas horas más, pues el libio en estos momentos es lo que menos la preocupa. Hasta que al final cae vencida por el sueño, aunque no por mucho tiempo... A media mañana llaman a su puerta. Despierta y vuelve a su realidad, recordando el compromiso que tiene por cumplir...
Baltia es conducida a la arena de combates, donde un inmenso número de soldados y comandantes se han hecho presente, abarrotando el anfiteatro; ansiosos por presenciar el singular combate. Baltia, sin hacer caso al bullicio del numeroso público presente, camina hacia el centro de la arena; donde le proporcionan una espada y un escudo. La guerrera toma las armas, las observa y comprueba el filo y el peso; mientras aguarda la presencia de su rival.
Atom y algunos de sus comandantes se miran entre ellos, al contemplar la forma de tomar y de moverse con las armas que tiene esta guerrera; porque aún sin verla luchar, se dan cuenta de que no están presenciando a una guerrera cualquiera. En pocos minutos el gigante libio hace su aparición caminando hacia el centro de la arena. Lo hace con su acostumbrada presunción de creerse o tratar de parecer invencible. Levanta sus manos en señal de confianza y suficiencia, ante esta rival en teoría inferior a él.
Los rivales se encuentran frente a frente en el centro de la arena. Pero el combate no puede iniciarse, hasta que el soberano dé la orden. El bullicio del público cesa esperando la aprobación de Atom, el cual da una ojeada a todo el coliseo y, con satisfacción, observa la gran expectativa por este combate. Levanta su mano dando la autorización y el cuerno suena, anunciando la orden para que empiece el combate. El gigante, al escuchar la orden, se abalanza sobre su contendiente dispuesto a darle fin. Pero Baltia no es cualquier rival, por lo que con agiles movimientos esquiva las constantes arremetidas del poderoso libio, una y otra vez.
Hasta ahora, solamente ha demostrado que sabe esquivar muy bien los ataques del gigante, el cual, al sentirse burlado, ataca inclemente una y otra vez; tratando de alcanzarla y herirla de alguna manera. Ella entiende que si demuestra todo lo que es capaz de hacer, será desenmascarada, por lo que intenta fingir una estrategia hasta ahora, netamente defensiva.
Sin embargo, el ataque del gigante es fuerte e inclemente, por lo cual, no le queda otra que dejar de esconder lo que sabe; y así lo hace... Por primera vez arremete haciéndolo de forma rigurosa y sin pausas. El gigante tapona con su escudo y como puede, las mortales acometidas. Pero ante tanto asedio, no puede evitar dejar desprotegidos sus miembros inferiores. Acción que es aprovechada por la hábil guerrera, para patearle en las pantorrillas, haciéndolo perder el equilibrio y caer pesadamente.
Acayo se levanta e intenta responder, pero Baltia lo elude, y con el codo le propina un poderoso golpe en todo el rostro; derribándolo por segunda vez. El libio apoya su mano en el suelo tratando de incorporarse, pero recibe una patada en el brazo de apoyo, haciéndolo que vuelva a morder el polvo. El público reacciona con efervescencia y asombro ante lo que están presenciando. La guerrera, como disfrutando de la ovación hacia ella y manifestando un aire de suficiencia, le da la espalda, permitiendo que su rival se incorpore.
El gigante libio, con el rostro sucio, lleno de tierra y sangre, con mucha ira y sed de venganza, trata de responder para acabar con la guerrera y arremete. Pero su intención solo queda en eso... porque Baltia, que se encontraba de espaldas, intuye el ataque y, con una magistral media vuelta, salta y lo patea en la cabeza. Acayo cae fuera de combate unos tres metros más atrás, perdiendo el casco, soltando su espada y su escudo.
-¡Muerte! ¡Muerte! -grita el extasiado público, pidiendo la sangre del derrotado guerrero.
La guerrera, al ver que su rival se encuentra fuera de combate, sin hacer caso al insistente pedido del público, arroja al suelo su espada y escudo. La rechifla de los espectadores es ensordecedora, pero a ella no le interesa y se marcha. Atom, por su parte, se encuentra maravillado por lo que acaba de presenciar. Ya tenía la intuición de que Baltia era una buena guerrera. No obstante, hasta antes de este combate, jamás imaginó que fuera tan extraordinaria gladiadora. De manera que, haciendo caso omiso al pedido del público, se retira con la intención de seguirla y la intercepta casi en la entrada de su habitación.
-¡Tú y yo tenemos que hablar! ¡Creo que no has sido del todo sincera conmigo! -la cuestiona el soberano egipcio, dispuesto a saber todo sobre esta enigmática guerrera.
-¿Qué más deseas saber de mí? ¿O qué crees que te he ocultado?
-No lo sé; dímelo tú... Debo saber todo sobre la guerrera a la que pretendo ofrecerle un puesto de jerarquía en mis filas. Así que habla, te escucho.
Baltia se encuentra sorprendida ante la proposición del rey egipcio. Hasta hace unos momentos, jamás se le había pasado por su mente formar parte de aquel poderoso ejército, a decir verdad jamás había pensado ser parte de alguno; puesto que, hasta hoy su único objetivo siempre fue encontrar a su padre (Bartos) y nada más. Sin embargo, entiende que esta nueva coyuntura que se le está presentando puede serle de utilidad en sus propósitos. Pero, antes debe saber hasta qué punto este ofrecimiento le puede ser de utilidad.
-¿Estás pidiéndome que me enfile en tus tropas? ¿Bajo qué condiciones o qué es lo que ofreces?
Atom sonríe al darse cuenta de la ingenuidad de la guerrera, ya que esta aún no comprende que no se trata de una propuesta...
-Deseo que luches a mi lado. Ocuparás el cargo de ese inútil que venciste hace un momento, también...
-Yo no vengo a luchar. Mi única intención es encontrar a mi padre y nada más -lo interrumpe Baltia enfáticamente.
-Creo que aún no te has dado cuenta de las reducidas opciones que tienes. Te recuerdo que eres mi esclava y puedo hacer contigo lo que me diese en gana. Pero..., no es eso lo que busco contigo. Es probable que a mi lado salgas más favorecida de lo que te imaginas, porque puedo proporcionarte muchas riquezas y quien sabe, hasta te podría ayudar a encontrar a tu padre. Me pesaría tenerte como una simple esclava, la cual solo sirva para proporcionar placer; ya sea a mí o a mis sucios comandantes. Te aseguro que tengo el poder para domarte y someterte para lo que desee... Esta noche descansa tranquila, pero analiza mi propuesta. Mañana temprano búscame y dame tu respuesta. Recuerda que se encuentra en tus manos tu destino -le expone sus opciones el intimidante y poderoso Atom. Luego se retira para que, sola, medite el ofrecimiento.
La infeliz muchacha entiende que Atom tiene razón, se encuentra en sus manos. Oponerse solo le podría acarrear mucho sufrimiento y lo más probable, su muerte. En cambio, aceptar le proporcionará respeto y seguridad; además de una circunstancia favorable para poder encontrar a su padre. En conclusiones, se da cuenta de que tiene una sola alternativa. Al siguiente día, muy temprano, se dirige en busca de Atom. Llega a la puerta principal del palacio, donde se encuentran dos guardias que custodian la entrada.
-Dile a tu señor que deseo hablar con él.
-Sígueme..., él te está esperando.
Sorprendida por la facilidad que tuvo para su audiencia con el rey, sigue al guardia. Es de suponer que Atom la esté esperando, porque este ya presume cuál es su decisión, razona mientras camina a paso firme. Ingresa al gran y lujoso salón, donde encuentra a Atom esperándola al lado de una enorme mesa llena de ricos manjares. Al parecer, el soberano egipcio se aprestaba a desayunar.
-Ven, siéntate conmigo. Puedes servirte lo que desees, ya que todo esto ha sido preparado especialmente para ti -manifiesta con una amabilidad que no es para nada característica en él.
Incluso, sus sirvientes se sorprenden por la inusual actitud de su amo. Sin embargo, no lo manifiestan, simplemente permanecen en silencio, prestos a cualquier requerimiento de su rey. Luego de que Baltia se ha sentado, Atom mira a sus sirvientes y ordena.
-Retírense.
Ahora, solos en el enorme salón, el soberano egipcio se acomoda al frente de la intranquila pero hambrienta guerrera.
-Debes acostumbrarte, puesto que así será de ahora en adelante tu vida aquí; porque, supongo que vienes a decirme que aceptas mi oferta -expresa Atom, con un tono que demuestra algo de muchas cosas como amabilidad, seguridad; aunque también cierta advertencia...
Obviamente esto Baltia lo entiende, ya que tanta amabilidad, de seguro será a cambio de algo; sin embargo, sabe que no tiene otra opción. Es por ello que, decidida, se ha hecho presente; por lo cual lo aborda.
-Dime qué es lo que esperas que haga en tu ejército. Porque la verdad yo..., nunca he ordenado a nadie; mucho menos comandar y dirigir soldados. Mi padre me enseñó a luchar para defenderme y nada más. Por ello es que no sé cómo podría serte de utilidad. Si me quieres en tus filas, tendrás que enseñarme muchas cosas.
El soberano egipcio la mira muy serio por unos momentos, provocando que esta se incomode. Por un breve instante, ambos experimentan una extraña he inexplicable sensación de afinidad. Pero es Atom quien rompe el incómodo momento, manifestando una amplia sonrisa de satisfacción.
-Ja, ja, ja. No te preocupes por ello. Es más, creo que te subestimas demasiado, porque posees la fuerza y el temple que se necesita. Ya verás que te resultará más fácil de lo que imaginas. Además, en presencia de todos, te nombraré mi comandante. Verás que una determinación mía, es una orden que no se discute; ¡solo se cumple!
Ante las alentadoras palabras del soberano egipcio, la guerrera mueve la cabeza en señal de aprobación. Esa misma tarde, Baltia es presentada como comandante de una gran división del numeroso ejército egipcio. Los demás capitanes y soldados, entre ellos "Acayo", no tienen más remedio que expresar su sometimiento ante ella. Mente, la madre de Atom, con curiosidad se ha acercado a observar quién es aquella guerrera de la que todos en Menfis comentan. Al verla, su corazón se acelera asustada por la impresión...





