(Actualidad)
Danna (Emma)*
—¡Por fin terminé este trabajo! Ya solo me falta ponerle mi nombre al cuadro de arte y ¡listo!
—Daaanniii —me llama mi mamá desde el segundo piso.
—¡Voy má!
Bajo las escaleras; la encuentro en su habitación.
—¿Me necesitas?
—Sí hija. Necesito un inmenso favor.
—Cualquier cosa, menos ir a la tienda.
—Pues lamento decirte que sí es ir a la tienda.
Hago mala cara.
—Toma —me entrega dinero— ya Don Jairo sabe qué es, así que solo es pagar y traer lo que te dé.
—No entiendo por qué no va el bobito de mi hermano.
—Tu hermano no es ningún bobo y está muy pequeño para salir solo —expresa ella.
No le respondo y salgo de mi casa para hacer lo que me pidió, al regresar, subo al salón de estudio (como le puso mi papá) para marcar mi tarea y guardarla…
—Espera ¿qué? —me digo asustada. Me froto los ojos y antes de volverlos a abrir respiro profundo y suelto el aire varias veces— esto no es cierto, esto que acabo de ver fue imaginación mía. ¡Tranquilízate Danna! —abro los ojos y veo el hermoso rostro de mi novio que pinté en óleo sobre lienzo, el cual ahora tiene manchones negros por todos lados.
La furia me invade —Mamáaaa —grito mientras mis ojos se llenan de lágrimas —Mamáaaa ¿no escuchas que te estoy llamando?
Ella sube corriendo las escaleras —¿Qué pasa? ¿por qué gritas?
—¿Qué por qué grito? ¡Pues mira! —le señalo mi cuadro— yo ya lo había terminado y era el mejor de todos los que he hecho y mientras fui a la tienda porque tú me lo pediste, Carlos vino y lo arruinó.
Mi mamá sale de su asombro —¡Carlos! —lo llama enojada— Carlos, ven para acá.
—Señora.
Lo veo asomarse en la entrada con cara de angelito, y es que él es de esos que son incapaces de romper un plato, pero la verdad es que sí son capaces de romperte la vajilla completa.
—Dime qué pasó con el cuadro de tu hermana.
Se queda observando mi lienzo sin responder.
—¿Acaso no me escuchaste? Dime qué pasó con el cuadro de tu hermana.
Silencio. Silencio rotundo. Él lo único que hace es bajar su rostro.
—Carlos, ya hemos hablado de esto, ¿cómo es posible que le hagas este tipo de cosas a Danna? ¿acaso te gustaría que ella te hiciera lo mismo?
—Lo hice porque ella no quiere jugar conmigo —rompe el silencio— y yo no tengo con quien más jugar…
¡Y aquí va otra vez! ¡Siempre es lo mismo! Se hace la víctima, el pobrecito, el incomprendido. Ahora sale con que ¿no juego con él?, en dos meses cumpliré 17, soy mayor de él casi 10 años y él pretende que me ponga a jugar con él a carritos y globitos y …
¡Ahora que lo pienso! Este discurso fue planeado por él, lo sé porque él no juega con carros ni nada de eso. Él es de tocar instrumentos, hacer experimentos, leer, si a mucho: juega Xbox, Lego y rompecabezas de más de 1.000 piezas y todo lo hace solo. No le gusta compartir, no le gusta que le ayuden porque siente que dudan de sus capacidades.
—Danna —mamá interrumpe mis pensamientos— Tu hermano te está pidiendo disculpas.
Aprieto mi boca para después responder —¿y que va a pasar con mi trabajo de artes?
—Ya veremos cómo lo solucionamos, primero acepta la disculpa.
Levanto mi voz —¿Por qué siempre eres así? Siempre le dejas pasar todo, nunca le pones un alto. Por eso hace lo que quiere; por eso él me molesta, porque tú siempre lo defiendes.
Me dirijo rápidamente hacia mi habitación.
Ella camina detrás de mí —Yo no lo estoy defendiendo ¿y como que nunca le pongo un alto? ¿Acaso no recuerdas aquel mes que él estuvo sin sus clases extra?
Llego a mi cuarto y antes de cerrar le digo: —Ese y todos los castigos han sido impuestos por mi papá, sabes, a veces creo que no soy tu… —me detengo y cierro la puerta de un golpe.
Me quedo de pie sintiéndome mal por lo que acabo de decir, aunque no terminé la frase, sé que ella entendió lo que quise decir.
Escucho golpes suaves en mi puerta.
—Nena, ábreme por favor.
Me siento en el suelo, no quiero hablar con ella ahora.
—Está bien, hablaremos cuando estés tranquila.
Mi celular timbra, contesto:
—Hola mi Toni.
—Hola mi Danni ¿Estás bien? Te escucho apagada.
—El mismo tema de mi casa. Ya sabes.
—Tu hermano.
—Así es.
—¿Y ahora que hizo?
—Dañó mi tarea de artes.
—¿y qué era? Si quieres te ayudo a volverla a hacer.
—Sí, es buena idea.
—Entonces, ya voy para allá.
—Espera, mejor yo voy porque no quiero arriesgarme a otro desastre, y dejo mi cuadro allá y me lo llevas mañana al cole ¿sí?
—Bien. Por mí está bien, pero dices que ¿es un cuadro?
—Sí, es un cuadro relativamente grande.
—Entonces voy para allá a ayudarte a traer todo.
—Gracias Mi Toni lindo, te espero.
Su llamada me ha cambiado mi estado de ánimo. Me lavo la cara y salgo de mi habitación para ir al salón de estudio, allí está mi mamá verificando que mi hermano meta mis materiales a una bolsa negra.
—¿Acaso van a botar mis cosas? —pregunto.
—Tu hermano no solo dañó tu tarea; también untó de betún tus pinceles, los lienzos limpios, la paleta, los trapos, el rollo de papel de cocina, los recipientes y como si fuera poco, también desperdició todas las pinturas y los diluyentes.
—¿Qué hizo qué?
—No te preocupes. Cuando él termine de tirar todo a la basura; va a ir por todos los ahorros de sus mesadas y te los va a entregar para que repongas todo y te puedes quedar con lo que quede —voltea a verlo— ¿Cierto Señor Carlos?
—Cierto —responde entre dientes.
—Por mí está bien— digo tratando de disimular que estoy feliz porque sé que mi hermano tiene ahorrado una muy buena suma de dinero, porque él sabe administrarlo muy bien, en cambio a mí me es difícil ahorrar porque todo se me va en salidas con mis amigos y en los regalos para mi novio —Por cierto, Toni viene, quedamos en que él me ayudaría a hacer la tarea, pero en casa de él.
—¿Tu papá sabe?
—Nnnooo. ¡Ya lo llamo!
—Sabes que a él no le agrada Antonio, pero cuando él llegue, le explico lo sucedido.
—Gracias má.
Seguimos a Carlos mientras lleva la bolsa al sótano.
—Mami.
—Dime.
—Lamento lo que te dije —le digo mirándola a los ojos.
—Lo lamento más yo, hija—me abraza.





