Igor era un chico hermoso, su melena era negro azabache y por su largura llevaba cogida un pequeño moño. su piel era tersa y muy morena y en su cara lo que mas resaltaba eran sus grandes ojos verdes, labios carnosos y la blancura de sus perfectos dientes.
El chico era muy alto, me sacaba una cabeza y sus piernas eran largas y por los pantalones cortos que llevaba se podía ver que eran una piernas que hacían mucho deporte, eran las piernas de un chico que se machacaba jugando al fútbol.
Estaba alucinada con el y no era capaz de articular palabra alguna. Ese chico me había trastocado todos mis pensamientos hacia el, sentía amor por su belleza y odio porque estaba resentida ya que había robado mi número.
-Hola, soy Igor niña rubia - me dice a la vez que coge mi mano y vamos caminando para la clase.
-Hola soy Dafne y no me llamo niña rubia - creo que mi tono sonó como era mi intención, era un tono de pocos amigos.
Nos sentamos y por supuesto me tocó a su lado, ¡vaya curso me esperaba!. Poco a poco fueron entrando todos los niños de la clase hasta completar el número veinticinco, Hasta este año siempre habíamos sido pares por lo que este curso al se impar Calor Zambrano se había quedado sin pareja y entró con los números veintitrés y veinticuatro.
La clase comenzó con la presentación del profesor, no me había equivocado sobre el, estaba en lo cierto de que este año iba ser muy divertido.
El primer día estuvo genial, Don José estuvo jugando con nosotros e incluso nos gastó mas de una broma.
Cuando sonó la campana, todos nos levantamos corriendo y nos pusimos en fila para empezar a salir, como la fila de salida no iba por número sino por orden de llegada pues me aleje todo lo que pude del niño nuevo, pero cuando me di cuenta ya lo tenia detrás de mi.
-Niña rubia con quien juegas por las tardes - no me había hablado en todo el día excepto ahora.
-Niño moreno me llamo Dafne. - Volví a insistirle para que se enterara que no me gustaba eso de niña rubia.
-Dafne, ¿Tú sales por las tardes?. - Su voz tan fina del norte lo hacía mas atractivo aún de lo ya era y a pesar de que me había jurado de que no iba a ponérselo fácil este curso y que no iba a ser su amiga, sin quererlo mi boca le contestó algo que yo no quería decir.
- Si, claro. - Le contesté con un tono de voz mas suave y mas amigable.
-Y a que hora y por donde sales, para ir contigo a jugar. - no podría explicar por que, pero su fina y educada voz sonaba en mis oídos como un dulce melodía.
En ese momento quise decirle ¡ niño tonto!, ni se te ocurra pensar que vas a jugar conmigo y mis amigos, pero en la realidad no fueron esas palabras.
-Salimos después de comer y nos vamos al campo de arena. - le contesté con la voz de te espero y deseo que vengas.
-¿Y eso donde está?. - maldita sea, ¡esa voz me vuelve loca!.
-Niño moreno, a las cuatro nos vemos en la puerta del colegio y te vienes conmigo, ¿vale? .- Dafne, Dafne, ¿Qué estás diciendo? me decía para mis adentro.
-Muchas gracias niña rubia.- a la vez que me daba las gracias me sonreía y me mostraba su hermosa y blanca dentadura.
En aquel momento no pensé en nada de lo ocurrido, pero ahora me doy cuenta que ese niño me gustaba y por más que me hubiese gustado gritarle y decirle niño tonto, nunca podría haberlo hecho.
Cuando me decía niña rubia, yo hacía como que me molestaba pero la realidad era que me hacía cosquillas la barriga cuando lo escuchaba llamarme así, sinceramente ya no sabía si se lo iba a poner difícil por robarme mi número o empezaría a ser una buena amiga para el porque había caído en sus encantos.
Ese día me comí toda la comida sin protestar y a toda prisa para poder llegar a las cuatro a recoger a Igor, ese niño me había descolocado un poco y por las razones que fueran estaba deseando de volver a verlo y escuchar como me llamaba niña rubia con su hermosa y fina voz.
son las cuatro de la tarde y como un reloj estaba yo en la puerta esperando al niño moreno que me había descolocado en el día de hoy.
-¡Niña rubia! - escuché una voz a lo lejos, era el acompañado de su madre, cuando se acercaron la señora me preguntó.
-Hola Dafne, somos nuevos aquí y aún no conocemos el pueblo, ¿Dónde vais a estar?.- la voz de la señora era igual que la del hijo, fina y dulce.
-Hola señora, ahora vamos al campo de arena, es una explanada que está justo detrás del colegio y allí estamos casi todos los niños del pueblo. - le contesté a la señora con toda la educación posible.
-Muy bien, ¿y sobre que hora vengo a recoger a Igor? - la señora se veía preocupada por su hijo y yo intenté dejarla más tranquila.
-Pues como muy tarde nos recogemos a las siete de la tarde, pero hay veces que antes, si quieres dime donde vives y lo acercamos a su casa cuando nos vayamos a recoger. - La cara se la señora cambió un poco y parecía quedarse mas tranquila.
-Perfecto, nosotros vivimos en los pisos de la plaza de Abasto.- Dijo a la vez que le daba un beso a Igor.
-Vale, está aquí cerca, pues después lo llevamos. - Haciendo un gesto con la mano diciendo adiós Igor y yo nos dimo la vuelta para dirigirnos al campo de arena.
Ocurrió algo con lo que no contaba y no tenía pensado, Igor me cogió la mano como si fuéramos a entrar en la clase, no sabía si quitarla o dejarla pero por timidez la deje cogida y así llegamos al campo arena.
Esa tarde fue muy divertida, presenté a Igor a todos los niños que no eran de nuestra clase y estuvimos jugando muy alegremente, Igor en alguna ocasión dejó de jugar con nosotros porque se ponía con la pelota a jugar fútbol con unos niños del otro colegio que también jugaban allí, mientras nosotros nos divertíamos jugando al escondite, pilla pilla etc...
Son las seis de la tarde, pero estoy un poco celosa de que Igor no me eche cuenta y esté todo el rato con los niños del otro colegio, así que me cabreo y decido marcharme a casa.
-¡Niño moreno!, nos vamos. - lo llamé en un tono autoritario.
-¿Ya, tan pronto?.- me contestó algo perplejo.
- Si, estoy cansada y quiero leer un rato. - Le contesté en un tono mas suave ya que no quería demostrarle el motivo real por el que me iba, y ese motivo era que me había ignorado toda la tarde.
-¿Te vienes a mi casa a leer conmigo?.- Me preguntó Igor y a mi el estómago empezó a sonarme con el volteo de las mariposas que sentía en mi interior.
- Venga vale, pero tenemos que ir rápido por que a las siete tengo que estar en casa. - Le contesté rápidamente sin ni siquiera pensarlo un poco.
Volvió hacer lo mismo, me cogió la mano y hablando de mil cosas llegamos a su casa. Estuvimos en su habitación, allí tenía mil libros, pero había una colección del Cuerpo Humano que me fascinó.
El cuerpo humano eran unos dibujos que emitían en televisión y que a mi me fascinaba, yo no sabía que existía esa colección en libros y estuve todo el rato leyendo uno a uno.
- Dafne, son las siete, ponte los zapatos que te acompaño a casa - me dijo la madre de Igor con una voz muy dulce.
me acompañaron hasta la puerta de mi casa y María la madre de Igor estuvo hablando con mi madre dándole las gracias por lo bien que me había portado con su hijo ayudándolo a conocer gente nueva.
Esa noche cené y me fui rápido a la cama, estaba deseando que llegara la mañana para volver a ver a ese niño que me irritaba porque me había robado mi número y a la misma vez me hacía sentir nerviosa y feliz cuando estaba a su lado.





