Lucía y Romina asistieron al segundo año de secundaria en Santa Olga mientras que Gael estaba en el tercero, él era un año mayor que Lucía, tenía hermosos ojos negros y su cabello era negro también, él no era solo un chico guapo, Era el chico del que Lucía estaba enamorada. Ese día después de la escuela, Lucía buscó con los ojos a Gael en el comedor y no lo encontró. ¿Dónde estaría el niño en un momento así? Era el momento en que todos los estudiantes iban a comer algo, pero la niña no podía encontrar al niño. ¿No tenía hambre? Si no comiera ahora, no comería durante las próximas tres horas porque sería el período de las siguientes clases.
— No le des mucha importancia, niña. Él no está aquí, no seas tan desesperada. - Romina habló mientras clavaba su merienda con el tenedor. Lucía suspiró un poco derrotada.
- Estoy un poco preocupada por él... - trató de explicarlo.
— Ese chico tiene dieciocho años, seguramente sabe cómo alimentarse. - Su amiga le cortó el habla respondiendo lista. - En lugar de eso, piensa en qué ropa te vas a poner para la fiesta de esta tarde, no puedes ir a una fiesta con las ropas aburridas que tienes. - Ella apartó a Lucía con un tenedor mientras hablaba.
— ¿Qué? Pero no iré a ninguna fiesta. - Lucía no creía que Romina aún no se había quitado esa idea de la cabeza, ella ya había dicho que no iba a esa fiesta, que Gael la había invitado, por varias razones. Aparte de la cosa con sus padres, no era como si Lucía estuviera planeando ir a esa fiesta. - Saca esa idea de la cabeza, mis padres no iban a dejarme ir. - Romina suspiró audiblemente y cogió la mano de su amiga.
— Relájate amiga, deja de poner barreras. Si el problema son tus padres, puedo hacer que mi madre los llame y les diga que pasarás la tarde conmigo en casa estudiando, ya que la gente siempre hace eso, no van a sospechar que no vamos a hacer eso. - Ella dio la idea con risas astutas, siendo astuta al idear aquel plan. Era verdad que acostumbraba-mente las niñas dormían una, en la casa de la otra, las familias ya habían acostumbrado aquello por la larga amistad de las dos, entonces solo bastaba una llamada de parte de los padres de Romina para que Lucía durmiera en la casa de su amiga aquella noche, Así Lucía podría ir a esa fiesta sin que los padres lo supieran. Ese plan era perfecto.
— ¿Qué idea es esa, amiga? ¿Dónde aprendiste algo así? - Lucía estaba desconcertada. ¿Romina estaba proponiendo que mintiera a sus padres? Lucía nunca había hecho algo así antes, nunca se le había pasado por la cabeza la opción de engañar a los padres todo para poder ir a ver a un chico, a la chica le estaba pareciendo esa idea ridícula, pero ella también quería mucho ver a Gael...
— Así que estoy tratando de ayudarte a encontrarte con el chico que te gusta. ¡¿O crees que Gael te invitó a esta fiesta solo por el paisaje?! Esto no tiene nada que ver con la caída que le diste ni con la disculpa. ¡Obviamente, quiere conocerte mejor, lejos de las miradas agudas de sus padres, en un lugar neutral donde puede hablar con usted en paz! Es obvio que también le gustas, amiga. - Con cada palabra de ella, Lucía se volvía más temerosa, pero no podía negar que estaba sintiendo cierta excitación... ¿Gael realmente quería estar con ella en esa fiesta? El corazón de la niña llegaba latiendo más fuerte, su piel bastante calentada por las palabras, las mejillas hasta sonrojaron... Estar con Gael casi sería como un sueño hecho realidad. - Eso depende de ti, amiga. Tus padres no pueden controlar tu vida para siempre, es hora de que empieces a vivir por ti mismo, es hora de tomar tus propias decisiones. - Lucí estaba mirando hacia abajo, ella sabía que eso era verdad. Por Dios, ella tenía diecisiete años, debía estar haciendo cosas de adolescentes de su edad, pero parecía que sus padres todavía la veían como una niña de cinco años, la trataban como si solo tuviera cinco años, no querían aceptar que su hija estaba creciendo, que estaba floreciendo y probando experiencias diferentes, sentimientos nuevos, enamorándose. Para ellos, ella no era más que una niña, pero la cosa era muy diferente. Lucía sabía lo que debía hacer para cambiar eso, después de todo, todo dependía de su elección.
— Está bien, tienes razón. - Ella finalmente miró a su amiga, la mirada de ella era pesada sobre Romina. - Pero tendrás que venir conmigo, no iré sola a ese lugar.
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Aquella tarde Romina y Lucía fueron hasta el centro de la ciudad, Romina la persuadió/obligó a ir a comprar ropa nueva, según ella, Lucía no tenía ropa apropiada para tal evento. Entonces las chicas estuvieron más de dos horas haciendo compras en las tiendas del centro comercial. Ya que Romina era rica, ella no limitaba su mirada en la barra del precio de los artículos, ella solo elegía lo que quería y llevaba.
- Wau, mira estos zapatos! Son tan lindos, me encanta. voy a llevar! - Romina decía toda emocionada mirando el zapato en la ventana.
- Pero amiga, ¿ya no tienes zapatos suficientes? - Lucía contestó recordando la fila de zapatos que su amiga poseía en su armario.
— Eso no viene al caso. - Romina desconsideró sacudiendo la mano como si aquello no tuviera relevancia. - Lo importante es que me gustó este, y cuanto más zapatos tengamos, mejor! - Ella sonrió tomando un par más en la ventana, Lucía apenas suspiró anuindo y siguió a su amiga, ella no tenía cómo contestar, pues Romina era rica. Cuando llegaron a la sala de vestidos, la chica de pelo oscuro suspiró viendo el precio de los artículos, ella no tenía dinero para pagar tanto, su mesada aún no había caído para poder seguir comprando vestidos tan caros.
- Mira, amiga. creo que es mejor que vayamos a otra tienda, la ropa de aquí está bien... chicos. - Habló analizando los vestidos y los precios.
— ¡No, claro que no! Vamos bien bonitas a esa fiesta y esta es la mejor tienda de la región. - Romina contestó, ella había aceptado ir a la fiesta, pero solo después de que ellas hicieran compras. - Y no se preocupa por el dinero, yo pago. No será ningún préstamo. - Sostuvo un vestido apoyándolo en el cuerpo de Lucía. - Prueba esto, creo que te quedará bien, el color te queda bien.
— Pero amiga, no puedo aceptar algo así... - Lucía ya iba a rechazar aquel absurdo, después de todo, no era solo porque su mejor amiga era rica, que ella debía beneficiarse de eso, la amistad de ellas no tenía nada que ver con dinero. Pero Romina no la dejó terminar.
- No sirve de nada negarse, te lo estoy regalando. ¡No puedes rechazar un regalo! - Ella sonreía a lo grande, Lucía solo suspiró y fue al probatorio.





