~11 AÑOS Y MEDIO DESPUÉS~
«Espero que esto sea realmente una buena idea.»
Reflexionaba Quetzalli, mientras detenía el auto en frente de un modesto edificio de seis pisos; de fachada común de un soso color crema. Suspirando, al apagar el motor, se preparó para salir del auto, eran casi las dos de la tarde.
La mujer chasqueó la lengua al ver el cielo completamente despejado; de un hermoso color celeste con el sol brillando, sería un buen domingo, si no tuviera que ver a cierta persona.
Solo le quedaba esperar que esa cierta persona,estuviera de un humor similar al del clima; es decir, bueno, de lo contrario ardería Troya; sin darle más largas a ese asunto, bajo, del auto y se encaminó hacia el interior del edificio.
El resonar de sus pasos, era lo único que se escuchaba por los pasillos de la construcción, cuando llego al cuarto piso se detuvo en la puerta de uno de los dos apartamentos que había en aquella planta. Sin pensarlo mucho, saco de su cartera las llaves antes de ingresar. Entretanto, recordaba en la reunión que había tenido la noche anterior con su mellizo.
~Inicio flashback~
Sentados uno al lado del otro se encontraban los mellizos Díaz, en la barra de la cocina del apartamento de Quetzalli; la mayor por tan solo un minuto. El silencio se había establecido entre ambos mientras Theodore intentaba comprender las palabras de su hermana; la cual había decidido que era el momento de confesarle un gran secreto, solo para pedirle un favor.
De no estar embarazada, seguramente ya la hubiese matado; bueno, quizás no de manera literal, pero sí sentía ganas de ahorcarla; ya que no sabía cómo reaccionar. El mundo era pequeño y la vida daba demasiadas vueltas.
Theodoro, mejor conocido como Theo; era un hombre de contextura media y un físico bastante atlético, con el cabello negro ligeramente ondulado, largo hasta la barbilla; el cual tenía amarrado en una media cola y de grandes ojos verdes con sutiles betas grises.
— ¿Me puedes repetir todo lo que acabas de decir? — Pidió de manera amable Theo. — Es que sinceramente, cuando me has llamado, pensé que era por otra cosa como decirme finalmente el sexo de tu bebe.
Y, es que Quetzalli frente a él hacía gala de una simpática pancita, de unos orgullosos cuatro meses de embarazo; en los que se negaba a soltar información más allá de un “Todo va bien” la embarazada soltó una ligera risa comprendiendo a su hermano y encogiéndose de hombros sonrió de lado, previo a agarrar otra de las galletas que había en colocadas en frente de ella.
— Pues, veamos te dije que Destan, nuestro amigo de toda la vida, está en la ciudad desde hace dos años y que es Jessica Lira; que yo soy su asistente y manager; luego te doy los detalles del cómo termine en toda esta situación . — Comenzó a decir Zalli, encogiéndose de hombros ante la mirada acusadora de su hermano. — No lo tomes a mal hermanito, era importante mantener todo muy hermético, fue petición de Des. Y tú y yo sabemos quién es el más chismoso de los dos. — Agrego sonriendo de manera inocente.
A lo que Theo, solo pudo asentir dándole un punto en aquella conversación. Dejando así que su hermana prosiguiera con la repetición.
— Lo otro que te dije es que necesito contactar a Thea, ya que, después de mucho análisis… Creo que ella es la persona indicada para hacer de mi reemplazo, pues debido a mi embarazo, pues tarde o temprano tendré que tomar un reposo y pues se que ella es la persona más confiable del mundo. ── Finalizo Quetzalli con una sonrisa brillando en su rostro. ── ¿Puedes o no hacer el contacto con la osa?
— Mierda… — Soltó Theo al escuchar la repetición y chasqueando la lengua, tomo una galleta también del plato frente a él. — Después quiero contexto de cómo Destan termino siendo escritor de romance y con seudónimo femenino. — Dijo antes de darle un mordisco a la galleta. ── Puedo, pero, estás clara que no haré nada más, yo a la ira de Thea no me enfrento por voluntad propia y se que se va a enojar por alguna razón.
Mordiendo también su galleta Zalli, cerro los ojos esperando a lo que su hermano tenía para decir.
— Aunque no entiendo, ¿Por qué no simplemente llegas a su casa? — Indago, Theo. — Después de todo ella es tan amiga tuya como mía… si lo vemos de manera técnica porque ambos sabemos que ella es nuestra familia ── Argumento ── ¿Aún no te disculpas por el incidente del manuscrito?
Frente a las palabras de su hermano Zalli, meneo la cabeza, pensando en que decir para no tener que darle directamente la razón a su hermano con respecto a la última pregunta.
— Porque, no lo haré como Zalli, lo haré como la manager de Jessica Lira; además que quiero también reunirme con Joel para hablar de negocios. — Comento la pelirroja, viendo cómo su hermano iba a hablar, se adelantó. — Y, si Theodoro, no me he disculpado por eso y se que me va a jalar la oreja de manera monumental.
Rodando los ojos, Quetzalli pateo la espinilla de su hermano, al oírlo reír frente a la confesión dada, después de un rato de las interminables carcajadas del menor de los mellizos. Theo volvió a sus cabales.
── Está bien, hablaré con Joel para que se reúnan mañana a primera hora, para que él hable con Thea. ── Respondió finalmente Theo. ── Dios, ese regaño no me lo voy a perder por nada del mundo.
~ Fin del Flashback~
Después de entrar al departamento, encontró hojas en el suelo, un par de envases de sopa instantánea en la barra; pero, ni un solo cabello del dueño del apartamento. Por lo que aprovechando, organizo un poco, mientras hacía café, el café a menudo era una buena ofrenda de paz.
Luego de la reunión con Joel, se dio cuenta de que quizás no era tan buena el poner a aquella mujer como niñera de Destan. Sin embargo, se sentía acorralada, pues no tenía muchas opciones.
~…~
En el cuarto principal del apartamento, envuelto en las sabanas de color negro, con las cortinas completamente cerradas y el aire acondicionado; se encontraba un hombre, despertando debido al aroma del café que había llegado hasta su nariz.
Rondando los 28 años, Destan Paz, abrió los ojos con pereza mientras que se estiraba cuál felino en la cama, antes de ponerse las pantuflas saliendo del cuarto a duras penas. Se había ido a dormir casi a las seis de la mañana, luego de una noche frustrante, intentando escribir sin conseguir nada realmente bueno.
Al salir por el pasillo, Destan se dio cuenta de que todas las persianas estaban levantadas y que al parecer habían limpiado el desastre de la noche anterior, cualquiera hubiera entrado en pánico ante eso, pero, él no, ya que sabía de quién se trataba. Pasando una mano por su cabello, levanto la mirada para posarla en su invitada.
— Zalli… ¿Qué haces aquí? — Pregunto el joven con una voz ronca, usualmente Quetzalli solo iba a su casa de lunes a sábados.
Destan Paz, era un hombre apuesto, facciones varoniles, pero, nada toscas, hombros anchos y un cuerpo completamente definido; melena desigual de un color castaño claro que combinaba perfectamente con sus ojos miel, que por momentos parecían dorados. Una sonrisa cálida; pero hasta allí llegaba todo, su terrible carácter opacaba su belleza física.
Quetzalli, dejo lo que estaba haciendo para encontrarse con el joven. Riendo ligeramente ante las pantuflas de patas de León que Theo había tenido el detalle de regalarle a Destan la última Navidad que pasaron juntos.
— Necesito hablar contigo, creo que he encontrado a quien pueda ser mi reemplazo temporal durante el reposo pre y postparto — Comunicó con tono tranquilo la pelirroja.
Al escuchar las palabras de Zalli; Destan chasqueo la lengua caminando hasta la barra de la cocina, sentándose con expresión ligeramente inquieta. Pese a que no le gustaba mucho la idea, no podía negarse, después de todo; Quetzalli era todo lo que tenía en ese mundo, ella y su familia.
Además, confiaba ciegamente las decisiones que la falsa pelirroja tomaba después de todo, tenían casi dieciocho años siendo amigos y nunca le había fallado, muy contrario a cómo él se comportó en un punto dado.
— Ilústrame… —Dijo entonces Destan.
Aquello fue la señal que necesitaba Zalli, colocando una taza de café frente al castaño. La futura madre comenzó a hablar. El terror se fue marcando en el rostro de Destan a medida que escuchaba a su amiga hablar y comenzando a negar, se levantó, señalando con un dedo a la pelirroja artificial.
— Estás loca Quetzalli — Bramo Destan. — No, me niego.
Al escuchar la negativa, Zalli se cruzó de brazos frunciendo el ceño.
— ¿Por qué? — Pregunto de manera tajante.
Destan, tuvo que tomar aire antes de hacer un puchero. Y pasándose nuevamente las manos por la cabeza, dio una vuelta por la sala antes de responder.
— Me estás hablando, que piensas ponerme de niñera a una de las mejores editoras de la ciudad. — Decía Destan. — Vamos a ver, esa mujer me va a matar por muy amiga tuya que sea.
— Ay, Destan eres dramático. — Siseo Zalli, sin querer darle la razón al escritor. Aunque tenía razón, después de todo se necesitaba tener carácter y paciencia para tratar con Destan. — Thea es una persona maravillosa, además es la persona más confiable que conozco, ella no dirá que eres Jessica Lira. — Agregaba la mujer tranquila. — Mi hermano y yo la conocemos desde niños, es técnicamente mi hermana mayor… además que he conseguido una reunión con ella mañana en la tarde, ya no podemos negarnos. Porque ella, al igual que tú, es difícil de contactar…
— Te odio…— Murmuró Destan. — Dime la hora… — Accedió suavemente el escritor.
Sintiendo muy dentro de él, que era una pésima idea. Aunque había otra parte que tenía demasiada curiosidad, por conocer a aquella mujer que era toda una leyenda dentro del mundo editorial.
Thea Castillo, la editora de los lentes azules.
Era conocida por ser el pilar de la editorial Ruiseñor, con casi nueve años de trabajo impecable; se decía que si caías en las manos de ella tu libro sería un best seller, pero solo un par de personas habían llegado a verla en persona, fuera del personal de la editorial, puesto que era Joel Jara, director de la editorial el que recibía los manuscritos y se los hacía llegar.
Zalli, se sentía completamente aliviada de que Destan, hubiera accedido sin tanto jaleo. Cuando de pronto, el vibrar de su teléfono la alerto, inmediatamente desbloqueo para ver el mensaje que era de parte de su hermano.
[Theo:
La osa accedió, mañana a las seis, cenaremos en el restaurante que a ella le gusta. Llega un poco antes.]
Al leer el mensaje, una ligera risa escapó de los labios de Zalli antes de posar su mirada en Destan.
— Mañana a las seis, en el restaurante de Wei Wei. ─ Informo.





