Melina se quedó pálida y luego se sonrojó. Para ella, sostener la cola del vestido de Emily le parecía una humillación absoluta.
En lugar de ser celebrada, ahora estaba frente a todos, obligada a hacer un trabajo que consideraba humillante; muy lejos del papel que siempre había imaginado para sí misma como la hija favorita de la familia.
Sin embargo, la joven no podía darse el lujo de negarse. Emily estaba a punto de convertirse en parte de la poderosa Familia Carter, y ella sabía que no podía arriesgarse a desafiar a Emily, por mucho que quisiera.
Tragándose su orgullo, juntó los labios y logró esbozar una sonrisa temblorosa y forzada. "C-claro, Emily".
Agachándose torpemente, agarró la pesada tela del vestido de novia con manos temblorosas, mientras se preparaba para levantarlo.
Desde arriba, la miraba con los ojos brillantes de un desprecio apenas disimulado. No pudo evitar pensar en cómo una vez creyó de verdad que Melina era superior en todos los sentidos. Ahora estaba claro que la sensación de importancia de Melina se basaba por completo en el favoritismo de la familia.
Con una risa astuta, Emily bromeó: "Más vale que tengas mucho cuidado, Melina. Este vestido es único, hecho solo para mí por la Familia Carter. Si lo arruinas, no estoy segura de que seas lo bastante valiente para enfrentar las consecuencias".
Un temblor recorrió las manos de Melina y su ira apenas se contenía. Esas mismas palabras solían salir de su propia boca, solo que ahora Emily las usaba como un arma en su contra.
Pero no podía negar la verdad: no había forma de que pudiera permitirse ofender a la Familia Carter.
Emily sintió que se le quitaba un peso de encima al ver a su rival tan humillada, como si una parte de su dolor por fin hubiera sido vengado.
Avanzando con los ojos de toda la sala sobre ella, Emily avanzó, mientras Melina la seguía de cerca, obligada a sostener la delicada cola. Cada paso era un recordatorio de lo rápido que podía cambiar la fortuna.
Cada paso que daba Melina se sentía como si estuviera haciendo equilibrio sobre una cuerda, con la vergüenza oprimiéndola a cada movimiento. Mientras tanto, Emily avanzaba con paso tranquilo y digno. Era imposible no notar la diferencia: Emily brillaba con confianza, eclipsando por completo a Melina.
Por fin llegaron al altar. Un rápido movimiento de muñeca de Emily apartó a Melina. El gesto fue despectivo y sin esfuerzo, como si se sacudiera un pelo suelto.
La furia se agitó en el interior de Melina, y apretó los puños, clavándose las uñas en la piel, mientras luchaba por mantener una expresión neutra.
En su mente, Melina repetía silenciosas palabras de consuelo para mantener a raya su ira. Puede que Emily estuviera brillando en ese momento, pero Melina no veía más que oscuridad en el futuro de Emily; estaba segura de que el matrimonio terminaría en tragedia, dejando a Emily sola. Una vez que Eric se fuera, se imaginaba a Emily siendo desechada sin pensarlo dos veces.
Mientras tanto, ella misma ya había asegurado su lugar junto a Aarón. Con el tiempo, reclamaría para sí el título de la Familia Carter.
Estos pensamientos le devolvieron un poco de confianza a su postura, y su postura se enderezó sutilmente.
Un silencio se apoderó de los jardines cuando el oficiante anunció el inicio de la ceremonia, con Emily sola en el centro de atención, todos los ojos puestos en ella.
Momentos después, la ceremonia llegó al intercambio de anillos.
Temiendo que Emily guardara rencor y la excluyera de la participación, mordisqueó nerviosamente el labio inferior y luego levantó la vista con expresión dolida. "Emily, sé que últimamente desconfías de mí, pero, por favor, déjame presentar los anillos. Odiaría que los invitados presenciaran un drama. Después de todo, somos familia".
Un destello de fría determinación brilló en la mirada de Emily. Nada en las artimañas de Melina era accidental: Melina le había robado a su novio, la había hecho fracasar y ahora se aferraba a la pretensión de hermandad para salirse con la suya.
Totalmente consciente de que Melina ansiaba la atención de la alta sociedad, Emily decidió darle una lección de humillación pública.





