Abandonada pero invicta: Basta de mendigar un lugar

Clara tenía solo diez años cuando sus padres murieron en un terrible accidente automovilístico. Ocurrió mientras dirigían un proyecto que decidiría el futuro de toda su compañía y, lo que es peor, fue en el cumpleaños de Clara. Después de eso, la Familia Curtis la acogió en su casa.

Cada año, en este doloroso día, Declan se aseguraba de que no estuviera sola. Dejaba todo de lado, cancelando todas las reuniones y compromisos. Siempre volvía a casa temprano, listo para levantarle el ánimo y protegerla de cualquier tristeza.

Este año fue diferente. No lo recordó.

Un nudo se formó en la garganta de Clara. Estaba a punto de decir algo, pero el sonido de pasos apresurados la interrumpió.

Justo entonces, Lorena se acercó caminando, pasando su brazo por el de Declan y saludándolo con una sonrisa suave y cómplice. "Estás siendo demasiado serio. Debe ser porque Clara te extraña, ya que siempre estás trabajando. Ella solo quiere pasar un tiempo juntos. No hay razón para convertirlo en un problema".

En el momento en que ella se apoyó contra él, la expresión fría de Declan se desvaneció. Sus palabras salieron mucho más suaves. "¿Qué haces aquí?"

Poniendo pucheros, Lorena murmuró: "Solo quería recordarte que mañana se cumple nuestro primer aniversario". Se rio entre dientes y continuó: "Pero realmente no es tan importante. Mientras tú me ames, no necesito celebrar. Deberías quedarte con Clara".

Declan apenas le dedicó una mirada a Clara. "No tiene nada importante que hacer", dijo, restándole importancia. Al volverse hacia Lorena, su tono se volvió cálido de nuevo. "Escoge el lugar que quieras para celebrarlo mañana. Yo me encargaré de todos los preparativos. Mi asistente mantendrá mi agenda libre". Volviéndose hacia Clara, con una mirada que decía que acababa de notar su presencia, habló con brusquedad. "Cancelar todas mis reuniones de mañana. Reservar un palco privado en la Sala de conciertos Harmony, el restaurante en la azotea del Hotel Géminis y la suite presidencial del Hotel de lujo por la noche".

Clara no se movió. Mantuvo la mirada fija al frente.

El dolor en su pecho era abrumador, como si la hubieran golpeado innumerables cuchillas a la vez.

Dio un rígido asentimiento, su voz apenas más que un susurro ronco cuando dijo: "Entendido".

Sus órdenes apenas lograron atravesar su aturdimiento. Declan anunció que llevaría a Lorena a casa él mismo. Su trabajo aquí había terminado.

Los dos salieron juntos del segundo piso del hospital, lado a lado, con los brazos entrelazados.

Sola en el pasillo, Clara no se movió. Los extraños pasaban deprisa. El agudo olor a desinfectante se aferraba al aire, hundiéndose en su piel como un sudario frío.

Una fría insensibilidad se apoderó de ella, como si la hubieran arrojado a aguas heladas sin nada a lo que agarrarse. No importaba cuánto luchara, no había ninguna mano que la alcanzara. Ningún consuelo. Ninguna esperanza.

Nada haría que Declan volviera a su lado; no como antes. Nunca volvería a arriesgarlo todo solo para sacarla de debajo del hielo, como lo había hecho antes.

La había soltado para siempre.

Si vivía o no, no significaba nada para él.

No vendría a rescatarla de nuevo.

El dolor seguía creciendo, pesado e implacable, como si fuera a enterrarla donde estaba. Justo entonces, Clara se dio cuenta de que su corazón ya había muerto.

Tal vez, para él, ella había estado muerta para él durante mucho tiempo, desde su fiesta de cumpleaños dos años atrás.

Esa noche, toda la ciudad parecía brillar para ella. Hubo una gran fiesta en la azotea del Hotel Géminis. Los fuegos artificiales duraron horas, iluminando el cielo, y el dulce aroma de los girasoles, sus flores favoritas, llenaba cada calle y rincón, haciéndola creer que todo era posible.

La esperanza revoloteaba en su pecho mientras vaciaba su vino. Empujada por el anhelo, se arrojó a sus brazos y lo besó.

Un latido después, Declan la golpeó con tanta fuerza que cayó al suelo.

Todo giraba mientras yacía allí, y la verdad la golpeó: su sueño se había hecho añicos para siempre.

Los años que vinieron después, intentó fingir que nada había pasado. Se quedó cerca de él, pensando que incluso los momentos más pequeños eran suficientes.

Pero nunca vio la verdad hasta ahora. El sueño que seguía persiguiendo ya se había perdido, mucho más allá de cualquier reparación.

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